Por Moisés Ávila Roldán. Enviado especial
LA PAZ. Amante del fútbol y del deporte, el presidente de Bolivia, Evo Morales, sale hoy a la cancha, a jugar lo que podría ser el partido más importante de su gobierno: un referéndum en el que se le preguntará al pueblo si está de acuerdo o no con las políticas de gobierno que quiere aplicar en el país, y que implicaría su renuncia si no alcanza el respaldo necesario que exige la ley.
Con un preámbulo de protestas, muertes y disturbios sociales registrados durante la semana, en esta consulta popular no solo serán evaluados el presidente y el vicepresidente sino también los prefectos de ocho de los nueve departamentos del país. Chuquisaca no participa debido a que su prefecta fue elegida recién hace algunas semanas. Se trata de la primera medida de esta naturaleza en la historia republicana del país altiplánico.
Durante los últimos días, una serie de incidentes han complicado aun más la situación en el país. Hace una semana que se inició una huelga de hambre de cerca de mil personas en los departamentos opositores al gobernante, conocidos como la media luna, formada por Santa Cruz, Beni, Pando, Chuquisaca, Tarija y Cochabamba. Sus pobladores exigen al Gobierno la devolución del impuesto directo a los hidrocarburos que antes administraban.
Los prefectos de estos departamentos integran el denominado Consejo Nacional Democrático (CNE), de férrea oposición al gobierno de Morales, considerado de corte socialista y estatista, y a quien se lo vincula fuertemente con la corriente izquierdista que el presidente venezolano Hugo Chávez intenta instaurar en la región.
Santa Cruz, Tarija, Beni y Pando, que en conjunto producen el 45% de la riqueza boliviana, celebraron hace poco referendos en los que se declararon administrativamente autónomos, a pesar de la oposición del régimen.
Si bien los prefectos califican este proceso como inconstitucional y poco transparente --debido a las irregularidades de duplicidad que se han denunciado en el padrón electoral--, han decidido someterse al escrutinio público con el fin de ratificar liderazgos. La misma estrategia de ratificación parece estar jugando el mandatario. Luego de conocerse los resultados, Evo Morales estará investido con la facultad de realizar todos los cambios que planea para el país.
CUESTIÓN DE NÚMEROS
Dos serán las preguntas que deberán responder hoy los bolivianos en las cédulas de votación que entregará la Corte Nacional Electoral. La primera, si el ciudadano está de acuerdo con la continuidad del proceso de cambio liderado por el presidente Evo Morales Ayma y el vicepresidente Álvaro García Linera, y la segunda, si está de acuerdo con la continuidad de las políticas, las acciones y la gestión del prefecto del departamento.
A pesar del conflictivo panorama, Morales, el primer presidente indígena de Bolivia, parece tener asegurada su permanencia en el cargo. La ley --criticada pero aprobada por sus opositores-- precisa que el funcionario será revocado si la votación en contra supera a aquella que le resultó favorable en la última elección. En el caso del presidente Morales, como él ganó con un 53,74%, para que deje el cargo los votos de rechazo deberán superar esa cantidad. Haciendo la resta, el gobernante podría ser ratificado con 46,27% de votos de respaldo, menos de los que obtuvo en su elección.
De todos modos, y a pesar de esa ventaja que juega a favor del mandatario, los últimos sondeos aseguran que un 54% de electores respaldará la ratificación de Morales lo que, para su entorno, sería un claro mensaje de que quienes votaron por él no se han arrepentido.
La misma norma se aplica para los prefectos. El de Santa Cruz, Rubén Costas, fue elegido con 48% y necesita ser ratificado con igual o mayor respaldo. El único prefecto de la llamada media luna que la tiene difícil es el de Pando, Leopoldo Fernández, quien parece no haber garantizado sus votos. Por su parte, el prefecto de La Paz también está complicado, pues ganó su elección solo con el 32% y con el 68% en contra. Para que pierda, los votos en contra deben ser mayores a 32%, cosa que no parece tan difícil.
La norma electoral establece que si un prefecto es vacado en el cargo, es el presidente quien designa a su reemplazante. Morales podría tranquilamente designar a una persona favorable a él.
LO QUE PODRÍA OCURRIR
Para el analista Roberto Tuero, los enfrentamientos y protestas de diversos sectores de la población son un anuncio de lo complicado que va a ser el referéndum. "Se ha polarizado esta situación y es probable que empeore", dijo a El Comercio.
Considera que hoy, luego de los resultados, nada va a cambiar, puesto que casi todos los funcionarios serán ratificados y se sentirán en libertad de continuar los planes que tienen para sus respectivas zonas. "En aquellos departamentos en donde el Gobierno pierda y el prefecto sea ratificado, puede ocurrir que se trate de desconocer la autoridad presidencial y se apliquen los estatutos autonómicos que ya están aprobados", refiere Tuero.
El analista recuerda que Morales, si bien no goza de un amplio respaldo en todos los departamentos, sí lo tiene en aquellos con mayor cantidad de electores, hecho que le garantizaría salir airoso de esta contienda.
Lo cierto es que el presidente Morales apuesta a terminar este cotejo con un triunfo contundente, la debilitación de alguno de los rivales y, probablemente, con una hinchada favorable al presidente que dice a coro "Evo no se va" desde las tribunas. Los rivales, por cierto, esperan dar la sorpresa y ganarle al favorito que juega como local. Hoy es el día.
Las protestas que rodean el referéndumRecientemente, un grupo de mineros se levantó para exigir una nueva ley de pensiones. Esta protesta acabó con dos personas muertas por bala, luego de un enfrentamiento con la policía.
En Tarija impidieron el encuentro que planeaba tener el presidente Morales con sus pares de Venezuela, Hugo Chávez, y de Argentina, Cristina Fernández. Este hecho fue considerado como un acto proselitista del gobernante ad portas del referéndum.
El miércoles último, aniversario patrio boliviano, el gobernante se vio impedido de dar su mensaje a la nación desde Sucre, como es tradicional, porque los pobladores no le permiten el ingreso. Debió dirigirse al país desde La Paz.