Por Bruno Rivas. Periodista
¿Se pregunta usted qué tan difícil es provocar un conflicto internacional que enfrente a Occidente con el Medio Oriente, o, cuán complicado es conseguir que el Partido Republicano y el Demócrata coincidan en una posición en plena campaña electoral? En este artículo le daremos la respuesta: Solo necesita dibujar una caricatura.
La palabra caricatura es definida por la Real Academia de la Lengua Española como una obra de arte que ridiculiza o toma en broma el modelo que tiene por objeto. Una definición que es un poco modificada por el caricaturista Alonso Núñez al señalar, en diálogo con El Comercio, que es una crítica humorística basada en un hecho real. Y que también toma otro cariz cuando el caricaturista Mario Molina, en conversación con este Diario, manifiesta que puede ser un arma de doble filo. "Si bien la caricatura puede intentar hacer reír, puede al mismo tiempo estar tocando un tema muy serio", explica.
Así, una aparentemente inofensiva caricatura puede ser la causante de incidentes internacionales y cuenta con la capacidad de sacudir la escena política estadounidense si tomamos en cuenta ciertos hechos ocurridos durante los últimos años.
OBAMA Y EL MIEDO
Hace algunas semanas el semanario estadounidense "The New Yorker" logró lo que pareció imposible: que las campañas de los postulantes a la Casa Blanca John McCain y Barack Obama coincidieran en una posición. ¿Y cuál fue? La crítica a una caricatura en la que el candidato demócrata era satirizado.
En ella se puede observar a Obama, vestido con un traje musulmán y con un turbante en la cabeza, y a su esposa Michelle, quien se encuentra vestida de guerrillera y con un fusil, chocando los puños en señal de victoria en el despacho oval de la Casa Blanca. En la pared del cuarto se encuentra también un retrato del líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, y en la chimenea arde una bandera de Estados Unidos.
Esa portada no dejó nada contentos a los seguidores del senador por Illinois. "La mayoría de los lectores va a considerar que es de mal gusto y ofensiva, y nosotros estamos de acuerdo", señaló al día siguiente de la publicación el portavoz de la campaña de Obama, Bill Burton. Y el lado republicano no se quedó atrás. "Estamos completamente de acuerdo con el equipo de campaña de Obama de que es de mal gusto y ofensiva", indicó Tucker Bounds, vocero de la campaña de McCain.
En defensa de la caricatura, el editor del "The New Yorker", David Remnick, señaló: "Nuestra portada sobre la 'política del miedo' combina una serie de imágenes fantasiosas acerca de los Obama y los muestra como obvias distorsiones. La sátira es parte de nuestra actividad, y está destinada a poner las cosas al descubierto, a presentar un espejo frente al prejuicio, al odio y al absurdo. Ese es el espíritu de la portada".
¿Quién tiene la razón entonces? La especialista en semiótica y profesora de la PUCP Celia Rubina afirma en conversación con El Comercio que es posible tener una doble lectura de la caricatura, pero la elección de una de ellas dependerá de la inclinación política y de los prejuicios del lector. "La caricatura será leída como una manera de ridiculizar las políticas del miedo para aquellos que ya consideran ridícula y exagerada la asociación entre Obama y el terrorismo, en cambio para aquellos que realmente temen dicha asociación, es posible que la caricatura refuerce ese temor", indica Rubina.
Una opinión similar tiene la especialista en márketing político y directora de la encuestadora Imasen, Giovanna Peñaflor, quien señala que el mensaje que llega al lector depende de la interpretación que él le dé a la caricatura. "La intención por la que fue hecha la imagen es una, pero la forma como la completa el destinatario dependerá de sus temores preexistentes", indica.
Y es esa doble lectura la que pone en guardia a los dos partidos ante los trazos de un dibujante. "Como el tema de la caricatura juega con la política del miedo que se ha generado con Obama, mientras la campaña de McCain busca evitar ser relacionado con una supuesta 'guerra sucia', la del demócrata intenta que no se lo vincule con la imagen de debilidad con el terrorismo que sus rivales quieren adjudicarle", manifiesta Peñaflor. Como vemos, la política del miedo funcionó muy bien, pero en los candidatos.
MAHOMA
Aproximadamente tres años antes del episodio Obama, una serie de caricaturas generó un enfrentamiento entre Occidente y el Medio Oriente. Todo empezó en setiembre del 2005 cuando el diario danés "Jyllans-Posten" publicó caricaturas en las que se satirizaba a Mahoma, el profeta sagrado del islam.
A los pocos días los embajadores musulmanes en el país escandinavo presentaron sus quejas por los dibujos que llegaban hasta a mostrar al profeta con un turbante en forma de bomba.
Luego, en enero del 2006, un diario noruego sigue el ejemplo de los daneses y publica las imágenes, lo que provoca una reacción más fuerte del mundo musulmán que llegó a su punto más álgido en febrero de ese año con ataques a las embajadas de Dinamarca y Noruega en Damasco, Siria.
¿Cómo puede ser posible que una simple caricatura cause tanta conmoción? Tal como lo indicó en el 2006 el editor internacional de la BBC, John Simpson, una diferente sensibilidad ante ciertas imágenes y símbolos de parte de Occidente y el Medio Oriente causa este tipo de reacciones. "Los países europeos no permiten la publicación de material que pueda ser considerado antisemita ¿Por qué no sería también justo ilegalizar los insultos a Mahoma?", indica el periodista.
Una opinión que es compartida por Rubina en el caso del turbante en forma de bomba: "Para un musulmán puede ser ofensiva, pues en efecto se relaciona lo sagrado con lo violento". Nuevamente la muñeca de un dibujante marcó el pulso de la situación internacional.
PODEROSOS TRAZOS
Entonces remitiéndonos a los casos citados podemos concluir que el poder de una caricatura está al alcance de la mano (del dibujante). "Tiene un poder inmenso, por eso se usa, ya que la gente se divierte, se entretiene e informa", señala el caricaturista Alonso Núñez. "Como toda manifestación que tiene detrás una ideología o una opinión, puedes usarla para atacar a alguien", dice, por su parte, Molina.
Ya sabe, si a usted le gusta el dibujo tenga cuidado, controle su pulso y cuide el contenido del globito. No vaya a provocar que un furioso dictador apunte sus misiles contra usted o que le impidan el ingreso a un país extranjero.
Un laborioso príncipeLa reacción de la corona fue inmediata y, a través de un auto judicial, se ordenó la prohibición de la difusión del número en que aparecía la caricatura. Hecho que generó la denuncia de la prensa española, que calificó el hecho de secuestro de la revista.
Una vez más la polémica queda a la orden del día. Para Celia Rubina, profesora de la PUCP, la imagen no dejaba de ser divertida y bien pensada. "La caricatura presenta una situación cotidiana y realista, pero que supone un atisbo sobre lo íntimo y lo privado de la pareja real. No la considero ofensiva, lo ridículo fue sacarla de circulación, y contraproducente además, pues así se hizo más conocida", señala la especialista en semiótica.
Giovanna Peñaflor, especialista en márketing político, sí llega a comprender la actitud de la corona. "No tenían mucho campo de acción para responder, ya que la supervivencia de la corona se basa en mantener esa actitud elevada, distante y por encima del bien y del mal que es puesta en entredicho con una imagen como esa", indica.
Como vemos, hasta una corona puede tambalearse ante un retrato mundano.