Por Abelardo Sánchez León
Entre nosotros no existen instituciones encargadas de buscar jóvenes talentosos, emprendedores o muy trabajadores. Nos damos el lujo de desperdiciar a las promesas y las dejamos vegetar en su limbo etéreo. Las universidades, por ejemplo, deberían entablar una competencia feroz por atraer a los mejores alumnos a sus aulas. Deberían disputárselos. Debería ser un honor contar entre el alumnado a los más brillantes exponentes de las letras, las artes y las ciencias. Deberían becar al que no tiene dinero, pero que sobresale por su talento. No deberían guiarse exclusivamente por el criterio de la escasez de recursos familiares.
Ahora que vivimos la fiesta de las Olimpiadas podríamos preguntarnos en quién ha invertido el IPD para fomentar jóvenes entrenadores que podrían ser protagonistas en diversas disciplinas. En el Perú no hay entrenadores ni planificadores en el fútbol, el básquet, el vóley, la natación o el atletismo, pero sí hay jóvenes que podrían estar interesados en aprender y consolidarse si es que las federaciones apuntalaran una carrera a largo plazo. En cambio, es triste comprobar cómo viajan a las Olimpiadas algunos entrenadores extranjeros, que se encuentran de paso en el país, y son premiados como acompañantes de algún deportista.
No deberíamos quejarnos cuando los muchachos dicen que el Perú no les brinda oportunidades. Hay que buscarlas, es cierto, pero en otros países esas búsquedas están fomentadas y respaldadas por las instituciones. Para un muchacho peruano interesado en dar su vida en una disciplina deportiva, algunos países como Argentina, Brasil o México podrían ser alternativas laborales viables ante la dejadez nacional. Aquí, en Lima, existe infraestructura deportiva, pero no es utilizada. Los campos están sin pasto, las piscinas están vacías y las pistas de tartán, por lo general, andan destrozadas. Lo que falta son entrenadores que enseñen y motiven.
Esta delegación peruana a las Olimpiadas de Beijing es la más reducida de nuestra historia y va casi de visita. En la mítica Olimpiada de Berlín, en 1936, por ejemplo, el Perú participó con 59 deportistas. Hubiese sido interesante intercalar ahora a los escasos atletas con aquellas personas (jóvenes y peruanos, eso sí) que podrían dedicarse a elevar la calidad de nuestro deporte en los próximos veinte años.
El Estado está para eso. Para invertir y promocionar el futuro de la juventud, pues sin futuro la juventud está muerta. Nadie niega la importancia de las remesas que recibimos del extranjero, pero la idea es que cada peruano que lo desee pueda desarrollarse a plenitud en su país. De otro modo, aquello de soy peruano y soy feliz, podría llevarse a cabo muchísimo mejor en Nueva Jersey, Madrid, Santiago o Tokio. "¡Soy peruano, and I am so happy! ¡Vale, tío!