FESTIVAL DE LIMA. 12 Encuentro Latinoamericano de cine
Por Alberto Servat
Sus grandes ojos observan con atención. Y a cada momento del diálogo resultan tan o más expresivos que las propias palabras. La hemos visto tantas veces en el cine pero es su presencia real la que nos conmueve. Su belleza es casi irreal y sus gestos sensuales y delicados. No importa en qué película la hayamos visto o bajo qué luz los directores nos la hayan presentado. Y es que ni Tarantino ha sido capaz de captar esa vivacidad que confiere emoción al más pequeño de sus movimientos.
Esta vez no la veremos en la pantalla del Festival de Lima, sino como parte del jurado.
Tienes la tremenda responsabilidad de evaluar el trabajo de otros y premiarlo.
Intento no pensar. Trato de disfrutar de cada película. Los que participamos de un festival como este somos apasionados del cine. Nos tiene que gustar. Hay un placer inmenso en descubrir películas. Yo lo veo así. No me gusta plantearme la idea de voy a juzgar. No hay forma de hacerlo. La película es un mosaico porque cada quien la ve de una manera. Muchas personas tienen razones para que les guste o no una película. Juzgar el arte es algo tan personal, del momento e irracional, porque hay mucho del inconsciente en ello. En un jurado todos nos llevamos bien, nos queremos, nos hacemos amigos. Y a la hora de discutir una película parece que cada uno ha visto una película diferente.
Este año el presidente del jurado es Mario Vargas Llosa. Tengo entendido que tienes mucho interés en su obra.
Es verdad que tengo una inmensa admiración por él. Viene de años atrás. Cuando vine al Perú por la Cumbre Iberoamericana coincidió con un gran congreso sobre Vargas Llosa y me escapé de la cumbre varias veces para ir al congreso. Fue apasionante. Estaban reunidos especialistas en su obra de todo el mundo. Fue una gran oportunidad de escuchar hablar con tanta pasión y con tanto conocimiento sobre una obra que me interesa tanto. Para mí, uno de los grandes placeres de la vida es leer a Vargas Llosa.
Pasemos a tu trabajo como actriz. Hace poco Meryl Streep me dijo que un actor nunca termina de aprender. Que la educación del actor tiene que continuar a cada instante. ¿Estás de acuerdo con ello?
Tengo la suerte de trabajar en distintas lenguas. Y me he dado cuenta de que al cambiar de lengua cambias de personaje. Cada lengua pide de nosotros un personaje distinto. Hay algo en el castellano que es muy directo y tienes que ser así. El francés es más codificado y tienes que cambiar la manera de acercarte a las cosas. Meryl Streep tiene toda la razón. Cada vez que me enfrento a un nuevo trabajo me siento como si fuera un departamento vacío. Y el personaje viene a instalarse allí. Pero a diferencia del Actor Studio no creo que uno llegue a conocer todo de su personaje. Como nunca se sabe todo de un amigo, de un amante o de nosotros mismos. Esa parte del misterio es lo que hace reales a los personajes. El personaje se instala en el departamento vacío y allí convive con mi inconsciente y aparecen chispas. De esas chispas aprendemos del personaje y de nosotros mismos.
Ha pasado muchos años desde que trabajaste en Hollywood. Desde los tiempos de "Heny & June" y "Pulp Fiction". ¿Cómo ves esa época?
Fue muy divertido. Pero no le veo un gran cambio con lo que hago ahora porque trabajé con directores estadounidenses diferentes. Siempre he hecho cine de autor. No recuerdo haber hecho una película estrictamente comercial. Trabajé en Estados Unidos pero de una manera similar a mi trabajo en Europa.
Siempre me ha interesado tu interpretación de Anaïs Nin en "Henry & June". Después de la película se publicaron muchas cosas más de ella y sobre ella. ¿De alguna manera cambió tu punto de vista sobre Anaïs Nin?
No. Aunque creo que Anaïs, como muchos escritores, es un pozo sin fondo. Uno va descubriendo muchas más cosas. Uno no puede pretender saber todo sobre ellos. Lo que fue bonito con Anaïs es que hubo una coincidencia. Ambas éramos muy jóvenes, me podía identificar con la curiosidad que tenía en ese momento de su vida. Ella era hija de un compositor de música clásica y yo también. Teníamos una similitud física que ayudó mucho. Tuve un encuentro mágico con ella como personaje.
Vienes de un entorno familiar lleno de artistas. ¿Cómo influenció en tu elección de vida?
Es verdad. Por eso creo que era improbable que yo terminara como gerenta de un banco.
¿Cómo organizas tu vida de madre con el trabajo de actriz y todos estos viajes a festivales de cine?
Es mucha organización. Se necesita también un buen padre. Intentamos no separarnos mucho.
¿Cuál es tu siguiente paso como directora?
Actualmente tengo en mente una película muy ambiciosa. Pero la verdad es que la estoy escribiendo de a pocos por una cuestión de tiempo. Estoy muy involucrada con la música también. Pero la película está allí. Es sobre Francia en los años 70.
Es un escenario que conoces perfectamente.
Sí. Adquirí la nacionalidad francesa hace poco. Me gustaría hacer algo sobre este país con el que tengo ya una larga relación.
¿Eres de las que piensan que París es una bellísima ciudad pese a los parisinos?
Absolutamente. Soy de las que piensan eso. Y siempre me cuesta acostumbrarme a ese mal humor parisino. Me cuesta eso de volver a París y ser inmediatamente insultada por un taxista. Aunque luego me acostumbro y soy igual de malgeniada que ellos.
Más allá de ello, el tema de la xenofobia es muy fuerte.
Me da mucha pena porque vivimos en Europa a veces sobre mitos que ya no corresponden a la realidad. Las palabras 'igualdad', 'libertad' y 'fraternidad' parecen no significar nada. Se han maquillado mucho. Ya no siento la fraternidad. Es una sociedad de gran exclusión. Y creo que hay que abrir los ojos y cambiar.
Hace unos la revista "Time" publicó un amplio artículo que molestó mucho a los franceses. Decía que la cultura francesa prácticamente había desaparecido del mundo y que ya no había personalidades como Jean Cocteau, Jean-Paul Sartre o incluso como Edith Piaf.
Creo que es saludable que se critique. Y los artistas no se deben enfadar porque hasta es divertido que un extranjero venga y haga sus constataciones. Es verdad que Francia tuvo uno de los sistemas culturales más maravillosos que han existido. En tiempos de Mitterrand el presupuesto del Estado incluía la cultura y durante muchos años la política cultural era fantástica. Atrajo muchos artistas, entre los que me incluyo. Mucha gente de todo el mundo confluyó en Francia porque se podía concretar grandes proyectos artísticos. Y eso está en peligro. Me da pena pero es así.
¿A qué crees que se debe? ¿Solo a las decisiones políticas?
Política del Estado. Para que exista la cultura tiene que haber voluntad y capacidad de decisión. Y esto no es una novedad. Siempre los grandes artistas han vivido de mecenas, de ayuda de los gobiernos. Creo que una democracia sana tiene que tener una cultura fuerte. Destrozando un sistema de ayuda a la cultura se está destrozando el principio mismo de la democracia.
Por tus viajes puedes observar el mundo entero. ¿Qué piensas de la cultura en el Tercer Mundo?
Es que la idea del Primer Mundo tampoco es correcta. Creo que se está creando un nuevo equilibrio. Ahora vengo de Brasil y observé un desarrollo increíble. Veo Latinoamérica en una dinámica muy positiva que me da esperanzas. ¡Es que el Primer Mundo está invadido por el Cuarto Mundo y viceversa!