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LIBRO DE ENTREVISTAS. "Animales literarios"

Manual para cazar escritores

EN UN VERDADERO SAFARI PERIODÍSTICO, MARIO VARGAS LLOSA, TOMÁS ELOY MARTÍNEZ, JOSÉ SARAMAGO, GONZALO ROJAS O JOSÉ WATANABE SON ENCARADOS POR LA AFILADA GRABADORA DEL PERIODISTA ALONSO RABÍ

Por Enrique Planas

Un título como "Animales literarios" nos sugiere pensar en la entrevista como una audaz cacería. Y hay algo de eso, confiesa Alonso Rabí cuando usa su paciencia de poeta para investigar, seguir, asediar y confrontar finalmente a la gran ballena blanca literaria. "Voy a una entrevista con cierta planificación, esperando una frase notable, algo que provoque polémica. Creo que para entrevistar a escritores hay que combinar un corazón abierto para la improvisación y un cuestionario previo para conseguir las respuestas que buscas", explica el periodista de El Comercio, quien hace pocos días partió a la ciudad de Boulder para dedicarse a la docencia en la Universidad de Colorado, en Estados Unidos.

José Saramago, Mario Vargas Llosa, Abel Posse, Jorge Edwards, Antonio Cisneros, Enrique VilaMatas, entre otros, integran la lista de 17 entrevistados seleccionados por Rabí en "Animales literarios" (Aguilar). Si algo tienen en común los autores convocados en este libro de entrevistas es que todos forman parte de su altar literario personal. Son su fauna literaria, las criaturas que reinan en la selva de la ficción.

La entrevista literaria se ha convertido en un subgénero periodístico...
Siempre he creído que la entrevista literaria, incluso si está amarrada a la coyuntura (la publicación de un libro, una gira promocional), es un gran vehículo para la reflexión y el intercambio de ideas. Le permite al autor explicar su proceso creativo.

De los escritores que reúnes, ¿hay alguno que te cause admiración literaria, pero desagrado por su personalidad?
Quizás me equivoque, pero en la entrevista con Abel Posse, quien fue sumamente cordial, sentí una especie de distancia impuesta por él, como si el escritor le hablara a un mortal desde su trono en el Olimpo. A pesar de que fue una conversación fluida, tenía una soberbia porteña muy fuerte. Ocurrió todo lo contrario con otro argentino, de Tucumán, Tomás Eloy Martínez. Él me llevó a almorzar a la cafetería de los estudiantes de la Rutgers University, en Nueva Jersey, lo que me pareció un gesto increíble. Un tipo como él, en un comedor de jóvenes, comiendo un chifa terrible.

¿Cuál crees que es el valor de las preguntas literarias tópicas? ¿Cuánto aporta conocer los autores de cabecera de un autor, o las horas del día en las que escribe?
Si las haces pensando en el lector, creo que sí aportan. De pronto, el nombre de Tomás Eloy Martínez puede sonar mucho, pero el hombre de la calle, menos informado, tiene otros intereses y curiosidad. Escribes para un diario o una revista, y no te puedes encapsular.

¿Crees que una entrevista literaria siempre será un fracaso en la medida en que nunca se puede alcanzar un retrato completo del personaje?
Soy consciente de eso. Cuando he releído mis textos publicados, a veces me pregunto por qué no hice tal o cual repregunta. Hay un grado de insatisfacción emparentado con el fracaso. Pero, de todas maneras, creo que siempre puede haber dos o tres preguntas que te dan una sensación de plenitud. Pero es cierto, siempre habrá esa insatisfacción.

Uno de los tantos aciertos del libro no está solo en las declaraciones que consigues de los escritores, sino también mostrar lo que callan. Por ejemplo, Vargas Llosa admitiendo haber olvidado el título de su libro sobre García Márquez es muy sintomático...
Cuando entrevisté a Laura Restrepo, por ejemplo, trataba de arrancarle la confesión de que, de alguna manera, ella escribía a la sombra de García Márquez. Su defensa fue con todo. Después de apagar la grabadora, me dijo: "¡Es increíble, ya no se puede escribir tranquila! ¡A todos nos quieren achacar una influencia! Ahora bien, en toda entrevista hay una parte de artificio. Al editar la conversación, al seleccionar el orden de las preguntas, lo que lee el lector es, finalmente, la ilusión de un diálogo. Pero en ese proceso, creo que es el texto el que gana plasticidad y coherencia.

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