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CARTA DEL FIN DEL MUNDO

Y vivieron felices...

Por Maki Miró Quesada

Por dos años, que es la duración promedio del matrimonio de hoy. Sin duda los hay que duran mucho más y hasta uno que otro --raro-- que dura toda la vida, pero en general la vida en común es corta y su relación con el tamaño de la fiesta va en proporción diametralmente opuesta: más grande la boda, más corta la unión. El Perú y en especial Lima, está adoptando un nuevo modelo de fiesta de boda, nuevo entre nosotros se entiende porque en los países tropicales ya hace rato que la cosa prendió, directamente importado de Disney o sea de tipo fiesta infantil. Entre las tradiciones más populares sin las cuales no hay boda que se respete están las de bailar con el papá al son del vals de Chayanne, que los amigos tiren al novio por los aires y que antes o después --esto no está muy claro-- este le quite, con los dientes, la liga, azul of course a la novia al son de la música de strip tease de "9 semanas y media" delante de todo el mundo, un espectáculo que en una fiesta normal haría ponerse colorada a cualquier mujer con un mínimo de autoestima. A media fiesta llega la consabida comparsa contratada para la ocasión y reparte cotillón y unos sombreros feísimos que le quedan mal a todo el mundo como si estuviéramos en carnaval. Los invitados bailan sin parar al son de unos temas pasados de moda que no terminan de morirse y un matrimonio sin "New York, New York" y sin Juan Luis Guerra vintage no es matrimonio ('me sube la bilirrubina'), misma boda chicha en su versión salsódromo. Los novios también bailan sin parar pero generalmente cada uno por su lado, la novia con sus amigas y nunca o muy rara vez bailan pegado. El novio valgan verdades baila mucho menos que la novia ocupado como está en echarse unos tragos y unos chistes con sus patas que no se resignan a verlo partir hacia una nueva vida y tratan de que la empiece con el menor grado de conciencia posible. La novia encantada con su fiesta, con sus amigas y con su vestido strapless igualito a todos los vestidos que se han puesto o se podrán sus amigas --es de preguntarse por qué lo mandan a hacer donde Ani o Sitka si todos son idénticos y cualquier costurera de barrio lo hace igual-- se toma un montón de fotos para su Facebook con sus amigas y en todas salen abrazadas y agachadas sacando el derrière para atrás, tipo equipo de fútbol después de intercambiar la camiseta.

El matrimonio 'in' incluye mínimo 500 personas y tres elementos inevitables:

1. El toldo puesto por Mónica.
2. El buffet hecho por Marisa. (o si no por Lucha).
3. El bar de sushi, la mesa de quesos y la barra de cocktails.

El romanticismo, el erotismo y la magia (¿Hello?) están muertos pá la cosecha.

Hasta hace poco la unión de un hombre y una mujer --el contrato más importante que celebran los seres humanos-- era la ocasión para celebrar una fiesta familiar alegre pero con dignidad, armonía y belleza en donde ciertos rituales impregnados de misterio marcaban el paso de la adolescencia --la gente entonces se casaba por lo general muy joven-- a la vida adulta. Hoy después del viaje de bodas a destinos insospechados --Orlando en Florida se ha puesto muy de moda y Disneyworld le garantiza a los novios una foto con Mickey para el recuerdo-- los amigos son invitados al nuevo departamento de los recién casados, donde rodeados de los regalos aun sin abrir, les imponen la visión completa, sin ediciones ni cortes del video de la boda, que dura LO MISMO que duró la fiesta, donde una vez más suena Chayanne, la novia baila sola, al novio lo tiran por los aires, le saca la liga a la novia, los patas se emborrachan.

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