Por Francisco Sanz Gutiérrez
De todas las heridas que nos dejara la Guerra del Pacífico, la amputación del territorio nacional fue, qué duda cabe, una de las más dolorosas. El Tratado de Ancón, firmado en octubre de 1883, cedió Tarapacá de manera perpetua e incondicional a Chile y dispuso que Tacna y Arica se sujetaran a la legislación y autoridades chilenas por diez años, tiempo al cabo del cual un plebiscito determinaría el destino final de ambas provincias.
Jamás se llevó a cabo tal consulta popular. Hasta agosto de 1929 --cuando el Tratado de Lima acabó con este indeseable limbo legal-- se sucedieron propuestas, se establecieron y rompieron negociaciones y se involucró a terceros. Fueron años de pasiones inflamadas, en los cuales El Comercio contribuyó tenazmente a la defensa de la causa nacional.
En sus ediciones de marzo de 1910, este Diario sacó a la luz los entonces llamados "documentos secretos", elaborados meses antes por una comisión consultiva chilena sobre el espinoso tema de las provincias cautivas.
"Empezamos a publicar estos documentos secretos que comprueban el propósito de Chile de eludir, a todo trance, el cumplimiento del tratado de Ancón (...) Se trata de un pretexto, con el fin de echar de Arica y Tacna a compatriotas nuestros en quienes Chile ve un estorbo para sus proyectos de detentación de nuestras provincias del sur", se lee el 6 de marzo de ese año en la introducción de la primera entrega.
"La expulsión de los curas peruanos", "El comité nacionalizador de Tacna y Arica", "Consternación en el pueblo", "La política de Chile en el Congreso de Río de Janeiro", "Se los obliga a salir por la fuerza", "Los periódicos de Bolivia censuran la conducta del gobierno chileno" y "Nueva prueba del propósito chileno de no cumplir el Tratado de Ancón", fueron algunos de los titulares con que se alertaba al país de la chilenización de las provincias irredentas.
Según el historiador Héctor López Martínez, "el prestigio, los contactos y hasta el dinero de El Comercio puestos al servicio del país lograron estas verdaderas hazañas periodísticas (la publicación de actas reservadas) que no pudo negar la cancillería del Mapocho".
UNA CONSULTA QUE NO CUAJÓ
Quince años más tarde la situación parece desatascarse con la emisión del laudo arbitral del presidente estadounidense Calvin Coolidge, cuya parte resolutiva fue reproducida íntegramente en primera plana el 11 de marzo de 1925. En los días siguientes, en vista de las circunstancias adversas en las que se ordenaba el plebiscito para nuestra nación, también en primera plana se dio cuenta de las protestas de estudiantes y trabajadores en contra de la consulta, en consonancia con las notas editoriales.
"La imponente manifestación patriótica de ayer", se tituló la nota que a toda página apareció el 15 de marzo de ese año y en la que, con profusión de fotografías, se retrató la gran concentración femenina -"miles de señoras y señoritas desfilan por la ciudad"- que en torno de la Plaza Bolognesi se desplegara en favor de los derechos de nuestra nación.
Cuenta López Martínez que en las complicadas semanas en las que el plebiscito parecía materializarse, este Diario destacó como su corresponsal en Arica al poeta Federico Barreto y publicó diariamente una columna sobre el tema con los despachos cablegráficos de diversas agencias.
Una tenue luz en la oscuridad de aquel año fue la entrega de la provincia de Tarata --el laudo había resuelto no incluirla dentro de las disposiciones del Tratado de Ancón-- al Perú el 1 de setiembre.
"La reintegración de Tarata al Perú. El pabellón nacional es izado en medio de inmenso entusiasmo. Los habitantes, libres ya de la dominación chilena, hacen intensas y jubilosas manifestaciones patrióticas en presencia del general Pershing. Las autoridades peruanas entran en funciones", fueron los enfervorizados destacados (líneas previas a la nota en sí) con que El Comercio destacó el acontecimiento al día siguiente.
En lo inmediato, la tensión no se disipó. "A los chilenos les molesta las indagaciones que hacen los funcionarios norteamericanos. No quieren que se conozca el sentir de los regnícolas de Tacna y Arica", fue uno de los titulares que dio clara muestra de ello.
Sepultada la idea del plebiscito, en 1928 se restablecieron las relaciones diplomáticas entre el Perú y Chile. "Esta circunstancia ofrece, quizá, una nueva oportunidad para liquidar este fatigante e interminable conflicto internacional", opinó este Diario.
EL ACUERDO DEFINITIVO
Al fin, el 3 de junio de 1929 Pedro Rada y Gamio --en representación del Perú-- y Emiliano Figueroa Larraín --en nombre de Chile-- firmaron el protocolo que acabó con las tribulaciones en la frontera sur.
El departamento de Tacna y Arica quedaba dividido en dos partes, la primera para el Perú y la segunda para Chile. Se establecía además que el Perú y Chile "no podrán, sin previo acuerdo entre ellos, ceder a una tercera potencia la totalidad o parte de los territorios que quedan bajo sus respectivas soberanías, ni podrán, sin ese requisito, construir a través de ellos nuevas líneas férreas internacionales".
El 28 de agosto de aquel año fue la fecha de la devolución. "La vuelta de Tacna a la plena soberanía de la República. La muchedumbre vitorea al Perú y canta el himno nacional", tituló su nota a toda página ese día El Comercio.
"La reintegración de Tacna a la nacionalidad peruana es un grato acontecimiento histórico que el Perú entero acogerá con la más viva y justificada satisfacción patriótica, porque cesa definitivamente para los tacneños la dolorosa prueba a que los sometió el destino (...) De los hijos cautivos del Perú, vuelven hoy los de Tacna al regazo de la patria, que al recibirlos alborozada, une en un mismo sentimiento de patriótico afecto a todos cuantos con ellos pagaron también a la adversidad el triste tributo del cautiverio", se pronunció el decano en su nota principal. Y un enviado especial a la Ciudad Heroica describió con minuciosidad lo que se vivió en ella.
MÁS ALLÁ DE LOS FESTEJOS
Desde entonces, la capital de departamento más austral de nuestro país no ha dejado de ser recordada en estas páginas. En 1979, en conmemoración por los 50 años de su retorno al seno del Perú, Tacna fue homenajeada con un suplemento en el que se recordaba "que el terror y la intimidación permanentes no lograron destruir en los peruanos irredentos su amor a la Patria ni debilitar su decisión de reintegrar Tacna Heroica al lar materno".
Para los festejos por los 75 años, en el 2004, El Comercio recordó el grito de alegría de aquel lejano 28 de agosto de 1929, pero también hizo hincapié en el reclamo expresado por doña Amelia Blanco de Mosto en el discurso de orden: "Los tacneños hemos sufrido cincuenta años de cautiverio y setenta y cinco de olvido". Una deuda que un efectivo proceso de descentralización debe empezar a saldar. En memoria, además, de lo mucho que costó su reincorporación a nuestra nación.
A LO LARGO DE UN SIGLO
1910
El Comercio destapó documentos valiosos y denunció la expulsión de sacerdotes nacionales.
1925
Una multitud protestó contra las condiciones --ofensivas para el Perú-- puestas para el plebiscito.
1929
En Lima se celebró con desfiles y ejercicios de equitación la vuelta de Tacna a la patria.
1979
Medio siglo después, los festejos se mezclaron con la búsqueda de solución a los problemas.
1979
Esta fue la portada del suplemento conmemorativo por los 50 años de regreso al país.
2004
Hace cuatro años apenas, al igual que antaño, Tacna mereció la atención a toda página.