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MIS INICIOS

El evangelio según Pablo

Empezó como ayudante de costura de camisetas y ropa interior. Ahora vende en Australia

Por Vanessa Antúnez de La Vega

La riqueza no era tener tierras, sino vivir con orden y respeto. A Pablo Guerrero le decían que era hijo de un ricachón porque su padre era dueño de haciendas en Caraz y otras provincias de Áncash, pero él no había terminado la escuela y andaba mal vestido, ¿cómo iba a ser rico? Por eso, aunque tenía la confianza de su padre y se encargaba de llevar las cuentas, decidió viajar a Lima a los 17 años.

Su primer encuentro con el negocio de las confecciones fue con los retazos de telas que le servían de abrigo, cuando dormía debajo de la mesa de corte en casa del primo que lo acogió en Lima. Lo que siguió en su vida fue vender camisetas en mercadillos, sin mucho éxito porque no sabía hablar bien el castellano. En las fábricas que visitaba veía con admiración a los que cosían. Y entonces se enroló de ayudante de costura y se convirtió en uno de los mejores. Aprendió , literalmente, el teje y maneje del negocio.

Guerrero compró sus primeras dos máquinas de coser cuando un costurero experimentado le dijo: "Tú sabes coser, y además vender, eres mejor que yo". Entonces empezó a visitar las tiendas de Gamarra para vender sus propias confecciones de algodón, todas con la etiqueta "Caraz". Era difícil convencer a los clientes de que un producto de calidad costaba más. Les pedía que mirasen el acabado, que tocasen la tela, que él mismo la había cocido y se reían. "¿Y quién eres tú?", le decían. Pero terminaban aceptando la mercadería. Llegó a vender a comerciantes que llevaban sus prendas de vestir a otras provincias e incluso a unos tacneños que luego las vendían en Chile. Los pedidos aumentaban, también las máquinas, los trabajadores. A mediados de los años 80 decidió alquilar su primera tienda en La Victoria, luego abriría 6 locales y compraría un terreno en Los Olivos para hacer su planta y elaborar una mayor variedad de modelos en ropa interior de algodón.

Guerrero sabía que muchos clientes exportaban sus confecciones, pero grande fue su sorpresa cuando a fines de la década del 90 fue invitado a Sidney. Era una familia que había visto sus prendas en Australia y lo invitaba a conocer su país. Se sintió tan conmovido por la amabilidad de aquella familia, por el orden y la limpieza de ese país que creó la marca Sydney (el nombre de la ciudad en inglés).

Guerrero dedica parte de su tiempo al estudio de la Biblia y mensualmente da en persona charlas a sus 200 trabajadores sobre ética y responsabilidad familiar: "Los Principios Sydney" están impresos en un manual que reparte a trabajadores y clientes. Incluso, motiva para que sus empleados crezcan y se conviertan en sus proveedores. Gracias a ese buen trato, a sus 54 años, ha ganado una alta productividad, pero si uno le pregunta sobre cifras y mercados nunca los tiene en la cabeza.

MIS CLAVES
4Calidad e innovación. Por los productos ofrecidos y la puntualidad en la entrega obtuve la confianza de mis clientes y mi credibilidad empezó a pesar.
4Buen ambiente. Cada mes pedimos sugerencias anónimas a los empleados.
4Variedad de diseños. Con las marcas Caraz y Sydney tenemos entre 700 a 800 diseños en ropa interior blanca de algodón y pijamas, conjuntos de bebe y prendas con estampados.

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