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Entre autobiografía y comentario

Por Élida Román

Víctor Zúñiga regresa con "Génesis del aprendizaje e historias paralelas", conjunto de pinturas y una instalación, donde avanza en las posibilidades de su reiterada búsqueda para lograr plantear la expresión de una mirada que, siempre anteponiendo el registro personal, la experiencia propia y privada, se cuestiona a sí misma, duda de su fidelidad, se apoya en indicadores comunes y, en una segunda vuelta, esforzada en el extrañamiento, trata de dar los indicios de un discurso de pretensión objetiva.

Para ello, recurre a la deconstrucción, el remarcado desfasado de la imagen tratada, como un intento de destacar una sección, un corte casi de entomólogo, dirigiendo la atención a un elemento que pareciera asumir un protagonismo que, luego, queda suspendido entre la curiosidad, la interrogación y un cierto desconcierto. Reacción que resulta de recibir la indicación como un principio narrativo, señalando el eje sobre el que girará la historia o la descripción, pero quedando en ese estado preciso que, sin embargo, al ser incluido en un amplio despliegue iconográfico, de apariencia desordenada o por lo menos, sin continuidad precisa, se convierte en verdadera obra abierta.

También acude a la imprecisión de rasgos o perfiles, al fraccionamiento y hasta la distorsión administrada por una veladura sutil, al que acompaña de los signos de identidad informática, quizá alusión a esa masificación que anonimiza y borra las peculiaridades. En esta suerte de planteo casi lúdico, bien resuelto y cuidadosamente alejado de la complacencia, Zúñiga muestra una seguridad y coherencia que permiten pensar en un lenguaje personal logrado.

Pero quizás el mayor interés de esta presentación, se encuentre en la instalación, "Proyecto Génesis del aprendizaje". Valiéndose de un libro de Historia del Perú, al que revisa morosamente en un extenso e interminable video donde solo pueden verse las manos que pasan las hojas, una a una y sin detenerse en alguna, con ausencia de interés puntual en alguno de los capítulos, solo mostrando una rutina intrascendente, continua, sin intención de lectura y comprensión, solo siguiendo una acción automática, casi hipnótica.

Algunas de las páginas han sido fotografiadas y expuestas en pequeñas cajas dispuestas en el muro. Para completar, están a disposición varios volúmenes sobre el tema, con el detalle que están atravesados por una vara, sujeta en los extremos, que impide abrirlos para su consulta. Fuerte mensaje, efectivo y claro, y hasta cercano a un cierto humor, un hálito burlesco que remite a las frustraciones históricas y las barreras siempre presentes.

El caso de Zúñiga, artista que vive y trabaja en Cusco, al que ha regresado después de extensa experiencia europea, hace regresar a la reflexión sobre la indiferencia del medio limeño hacia artistas que residen en otros puntos del país y que, de tanto en tanto, demuestran una solidez y seriedad en sus obras que ameritan ser considerados con mayor frecuencia en los proyectos antológicos o las curadurías con propósito específico, que tan a menudo se llevan a cabo en Lima. Desmemoria que debiera subsanarse a través de un esfuerzo de conocimiento y diálogo más fluido con la vida cultural del resto del país.

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