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Rollings Stones: "Shine a Light"

Por Raúl Cachay

Las tres películas consagradas en cuerpo y alma al rock and roll que Martin Scorsese ha dirigido a lo largo de su carrera (sin contar la serie dedicada a las leyendas del blues que produjo, o su decisivo trabajo como editor en el documental sobre el festival de Woodstock) responden a motivaciones muy distintas. Si bien el seminal "Last Waltz" guarda ciertas similitudes con este "Shine a Light", en buena cuenta ambos giran en torno del registro virtuoso del espectáculo en vivo de una banda, resulta imposible abordar estas películas sin tomar en cuenta el contexto en el que fueron rodadas. La primera recogía el concierto de despedida de una agrupación que quizás representaba mejor que cualquier otra los fundamentos esenciales sobre los cuales se construyó la mística del rock and roll, pero también funcionaba como una perfecta instantánea de la resistencia: al fin y al cabo, se trataba del año 1976, un momento en el que el rock se enfrentó a la más poderosa de sus bisagras, esa que se manifestaba en la inminencia de la revuelta punk, la primera era de la cultura 'dance' con la explosión de la música disco y la absoluta estandarización del llamado 'rock de estadio'. Eran tiempos difíciles, y allí estaban Robbie Robertson, Van Morrison, Joni Mitchell, Young, Clapton, Dylan y otros veteranos de base tres (por no mencionar a leyendas mayores, como Muddy Waters) para mantener la llama encendida.

"Shine a Light" no recoge un 'momento', como aquel 'último valse' del 76, sino más bien trata de aproximarse a la entraña del genio de los artistas, en este caso Keith Richard y compañía, pero no a través de la documentación exhaustiva, como en ese imprescindible tributo audiovisual a Bob Dylan llamado "No Direction Home": Scorsese, esta vez, nos presenta tan solo un recital casi íntimo de los Stones, pero nos obliga a concentrarnos en los detalles. Más allá de los momentos risueños --sobre todo al principio, con Jagger engreidísimo negándose a revelarle al director el repertorio del concierto-o las inevitables apariciones especiales --Jack White, Christina Aguilera, ¡Buddy Guy!--, es imposible no regodearse con el cariño y la maestría con las que un cineasta fanático y veterano ha puesto en la pantalla a los integrantes de su banda favorita, todos todavía más viejos y socarrones que él. No hay lugar para la indulgencia: estos muchachos sexagenarios siempre supieron cómo montar un espectáculo de rock. Pero solo un realizador como Scorsese podía conseguir que todo, incluso las cochambrosas movidas de trasero de Jagger, se vea tan digno y honesto como las grabaciones de archivo salpicadas entre las canciones. Notable.

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