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The Zukerman Chamber Players

Por José Quezada Macchiavello

Hace varias décadas, Pinchas Zukerman es uno de los violinistas más destacados del mundo, con actuaciones y grabaciones memorables con directores como Pierre Boulez o Daniel Barenboim. Precisamente con este último, como pianista, y con la inolvidable violonchelista Jacqueline Du Pré, hacia los comienzos de los 70 dejaron grabados algunos de los legados más notables del arte de la música de cámara, entre estos, por no citar más que algo emblemático, los tríos completos de Beethoven.

TQ Producciones hizo posible apreciar la maestría de este artista, frente a su ensamble, The Zukerman Chamber Players, integrado por cuatro jóvenes músicos, que alternan al lado del gran maestro.

Destaco especialmente a la notable violonchelista Amanda Forsyth o al violista Marcas Jetro, quienes iniciaron el concierto con el chispeante y humorístico duetto "Mit zwei obligaten Augengläsern" (con dos lentes obligato) de Ludwig van Beethoven, obra relativamente temprana y sutilmente lúdica dedicada a quien fue un amigo de toda la vida, el corto de vista barón Nikolaus Zmeskall.

Sería justo remarcar, además del altísimo nivel técnico e interpretativo de sus miembros, la compenetración y la unidad de concepto que plasman. Zukerman mismo, con su sonido bellísimo, se integra a la unidad sin destacar más de lo debido y exigido por las partituras.

El programa, incluyó, además, dos quintetos (dos violines, dos violas y violonchelo), el Op 87 de Mendelssohn y el Op 22 de Brahms, verdaderos monumentos poco ejecutados en nuestro medio.

Creo que fue con Mendelssohn con quien alcanzaron el momento cumbre del recital. La soberbia inspiración del compositor se expresa de manera única en sus cuartetos, tríos, en el inolvidable e insuperable octeto como en este soberbio quinteto. Estas obras se sitúan en la cumbre de la evolución del repertorio de cámara, poniendo en evidencia un conocimiento a profundidad de Bach (precisamente descubierto por Mendelssohn), con una asimilación ya plena de las grandes arquitecturas de Beethoven, coincidiendo además con la belleza melódica de Schubert o Schumann. La consistencia de la estructura y la textura contrapuntística, como la riqueza y nobleza de la inspiración romántica fueron expuestas de manera soberbia por el ensamble de Zukerman.

El segundo quinteto de cuerdas de Brahms, de sus últimos años, manifiesta una maestría cabal y el logro pleno de una singular libertad rítmica y la asimetría que el compositor explotó a lo largo de toda su producción. La partitura fue abordada con madurez destacando el equilibrio entre la depurada expresión romántica y la férrea y racional concepción formal. Se pudo escuchar el esplendor del brillo brahmsiano, a veces difícil de lograr, sobre todo en algunas de las obras más "serias".

Sin poner en duda la contribución que ofrece TQ Producciones con un concierto como el comentado, quiero señalar una desazón por el comportamiento del público, que no es precisamente el más habituado a los conciertos en Lima. Desconcentrado, aplaudiendo cuando no corresponde, hasta un tanto frío sin conciencia quizá de lo que estaba aconteciendo. En hora buena un público nuevo, pero sin duda hay que hacer todo un esfuerzo para educarlo.

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