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ENTREVISTA

Una vida para el cine

Asistente de lujo al Encuentro Latinoamericano de Cine de Lima, Héctor Soto, notable crítico de cine chileno, es un observador privilegiado e inteligente del mundo cinematográfico. Por más de cuarenta años ha ejercido su oficio con rigor y entusiasmo de cinéfilo, labor que es admirada por muchos. Recientemente Alberto Fuguet y Christian Ramírez editaron sus notas críticas en un libro de lectura obligatoria: Una vida crítica, 40 años de cinefilia (Epicentro Aguilar)

Por: Enrique Sánchez Hernani

¿Cuál es la razón profunda por la que usted ha visto y ve tanto cine?
-Soy de una época, los años 60, en que una de las pocas formas que tenía de vencer la insularidad, el asilamiento, era el cine. Para mí el cine fue una ventana al mundo. Soy de un país y de una época en que las fronteras estaban prácticamente cerradas, donde en la práctica no había importación de libros ni revistas, sin Internet ni televisión. Una de las maneras de contactarse con el mundo era el cine.

Hablando de insularidades, recuerdo que en su libro usted dice que el auge de público del cine de Hollywood se debe a que tiene un gran público juvenil, a diferencia del europeo. ¿Sigue sosteniéndolo?
-En lo básico. Al cine de Hollywood le reconozco una facilidad para contactarse con el público. Eso le hace bien al cine en principio, porque si no sería como un canto gregoriano, una pasión de minorías dentro de la minoría. Ojalá el cine nunca pierda esta vertiente popular. A mí me gustan más algunas películas minoritarias, rupturistas, experimentales, intimistas; pongámosle el calificativo que queramos, pero me gusta también un cine popular.

¿Pero eso no es lo que le reprochan la mayoría de críticos, su excesivo comercialismo?
-Creo que Hollywood ha producido y produce mucho cine basura. Pero así y todo creo que no hay que despreciarlo porque de vez en cuando salen películas interesantes, incluso a nivel de blockbuster, como la última película de Batman que no es una gran obra pero que es una película que califica. Donde noto más novedades es en el área de la comedia adolescente. Allí hay rasgos de humanidad. El resto de géneros la ha estado perdiendo.

¿Por qué se ve tan masivamente el cine de Hollywood?
-El público es muy sensible a las convenciones de este cine y está muy condicionado por razones comerciales y de márketing. Más que películas son modas, formas de vestirse, campañas de publicidad masiva. Ya no es solo una película sino un modo de vida.

¿Cuánto cine tuvo que ver usted para ser un crítico que le deja poco margen al error?
-Yo vi cine desde muy temprano porque vengo de una familia muy cinéfila. Yo nací en provincias, donde había los cines de barrio con programas dobles y triples. Era habitual que mi padre fuera al cine dos veces en el día, primero a la función de vermouth, volvía a la casa a comer algo rápido, y luego regresaba a la función de noche. Yo acompañaba a mi padre. Creo que era una irresponsabilidad de su parte llevar a esas funciones a un niño de 10 años, pues salíamos a las 2 de la mañana.

¿Qué veía entonces?
-Westerns, thrillers. No eran películas para niños, en lo absoluto.

Ya como crítico, ¿siente que se ha equivocado algunas veces?
-Absolutamente. Mi libro fue editado por Alberto Fuguet y Christian Ramírez en un acto de generosidad. A mí me hubiera costado mucho seleccionar el material y de haberlo seleccionado probablemente hubiese hecho algunas apostillas diciendo "ya no creo en esto", "en este me quedé corto" o "me pasé de largo", de suerte que en el libro hay muchas cosas con las que ahora no estoy de acuerdo.

¿En qué se equivocó?
-Me he equivocado en énfasis. No le di la importancia que cobró con el tiempo la película "El Padrino"; yo la subestimé y ahora me da vergüenza. Yo pensé que era una película sobre la mafia. La película tiene algo de eso pero es mucho más: es sobre la familia, sobre el poder, sobre Estados Unidos, sobre la lealtad y la traición, sobre el capitalismo inclusive.

¿Con qué frecuencia ve ahora cine?
-Bastante menos que antes, entre otras cosas porque comparto lo que dice Alfonso Calderón, un Premio Nacional de Literatura chileno, que ya no tiene el entusiasmo para ver malas películas de antes (risas). Ahora no veo más de cuatro o cinco películas a la semana. Antes podía ver hasta cinco películas diarias. Era un poquito enfermo (risas). Yo creo que el cinéfilo tiene una suerte de desencuentro con el mundo.

¿Cuál es el papel del crítico: detallar los errores y hallazgos de un filme o de advertirle al público de qué género de película se trata para que él elija?
-Es todo eso creo. Antes que eso es compartir un entusiasmo con las películas que a mí me gustan. Eventualmente hago críticas a películas que no me gustan, pero tienen que tener mucho éxito de público o ser películas que el común considera como artísticas y yo como bazofia. Me gusta ver las malas películas cuando voy a meterme a una pelea, si no, no vale la pena.

¿Cuáles son los principales errores en los que caen los críticos de cine?
-El principal, con el que hay que estar muy prevenido, es el mentir en función de las modas del momento o de prejuicios y no en función de las percepciones propias. Decir que esta película ganó en Cannes y por eso es estupenda. No es así; hay muchas que han ganado en Cannes y son pésimas. Eso no quiere decir nada.

¿Si usted se pudiese mudar a un lugar donde lograse ver el cine que desea, a dónde iría?
-Probablemente a Nueva York, donde se ve mucho cine, o a París, donde está el mejor cine del mundo, pero que es una ciudad muy ingrata, entre otras cosas porque hay demasiados franceses (risas). En cambio Nueva York es una ciudad maravillosa.

Del cine latinoamericano, ¿cuál le gusta más?
-Creo que el argentino está hoy en día con unos niveles de creatividad y energía envidiables. Pero no hay que quitarle el ojo a los mexicanos, que están haciendo cosas buenas. El hecho de que el año pasado ganara aquí (en el Encuentro Latinoamericano de Cine) "Luz silenciosa" de Carlos Reygadas no es casualidad.

¿Qué le parece el cine peruano?
-No me quiero correr de la pregunta, pero desgraciadamente lo conozco poco. Conozco cosas de Lombardi y hay una película que me fascina: "Días de Santiago".

¿Cuál es la película que más veces ha visto?
-Son tres. "8 y medio", en dos semanas, pude haberla visto diez veces. Me la sabía casi de memoria, pero es una película que con el tiempo se me fue devaluando. Hoy no creo que la resistiría mucho. He visto muchas veces "Casablanca", que es una película entrañable, y "Taxi Driver".

¿Cuál es la peor película que ha visto de un director célebre?
-Me parece que las películas de Peter Greenaway: "El cocinero, el ladrón, su mujer y el amante", esas cosas. Las detesto. Por sus pretensiones, su arrogancia, por su infinito aburrimiento.

¿Y las mejores actuaciones que haya visto?
-No sigo mucho a los actores, pero desde luego no puedo sino admirar a John Wayne, a Clint Eastwood. Actores que me han gustado mucho como Al Pacino y Robert De Niro, encuentro que se han sobregirado un poco porque participan en más películas que las que debieran. Los viejos se cuidan más en ese plano.

¿Qué actor o actriz está sobrevalorado?
-Anthony Hopkins en algún momento, pero hoy ya nadie lo diría. Los actores cambian mucho, sobre todo hoy día. Son pocos los actores que arrastran su propio mito, como antes. El último que lo hace es Clint Eastwood, que arrastra y envejece con su mito. Otro que lo hizo es Paul Newman, pero yo diría que actores como Pacino y De Niro no tienen atrás un mito portentoso que arrastrar.

¿Usted también cree que el Oscar se entrega a veces por razones extra fílmicas?
-Sí. Hay un tipo de películas que son para ganar el Oscar. Lo notable es que la industria cinematográfica estadounidense, a veces, se puede salir de lo previsible. A Scorsese le costó mucho ganar un Oscar; no lo tuvo para "Taxi Driver", para "Toro salvaje", que son películas fundamentales. Lo tuvo por "Los infiltrados", que no es su mejor película. Pero en buena hora que se lo dieran a un director que tanto ha contribuido a la majestad de Hollywoood. Se lo merecía.

¿Cree que la televisión, el DVD, el Blue-Ray algún día derrotarán a las salas de exhibición?
-Quiero pensar que no, porque el cine, aparte de ser un acontecimiento cultural con un cable a tierra del mundo popular muy poderoso, es también un acto social, es un rito y una convocatoria a la comunidad. Esa dimensión se pierde en el DVD, en Internet.

¿Qué debe hacer el cine de sala para sobrevivir?
-Creo que diversificarse. Si la industria cinematográfica se recluye o parapeta solo detrás de los grandes éxitos del cine de mall, es un error. El cine tiene que ser más variado que eso.

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