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ENTREVISTA. ARMANDO WILLIAMS

Vaivenes de un artista múltiple

EL ARTISTA PLÁSTICO Y CURADOR PERUANO PRESENTA SU ÚLTIMA MUESTRA INDIVIDUAL "VAIVÉN", EN LA GALERÍA VÉRTICE DE SAN ISIDRO. TRABAJA LA INTENSIDAD CROMÁTICA EN BASE A UN PLANTEAMIENTO ABSTRACTO

Por Alberto Revoredo

Si viviera en España Armando Williams sería llamado comisario. Muchos asocian su labor, erróneamente, a la organización de exposición de arte, restauración, e incluso, aunque suene descabellado, la palabra 'curandero'. Quién sabe, quizá la experiencia como artista, su estadía en Nueva York por más de diez años, su regreso a Lima o sus hijos, hayan hecho que Williams tenga un poco de todo eso. Pero lo real es que Armando, en los últimos años y en paralelo a su ocupación pictórica, ha cumplido un rol fundamental como curador en nuestro país, lo que ha permitido concretar diversas propuestas de consagrados y jóvenes creadores, que lo han convertido en un importante referente y conocedor del contexto artístico nacional.

El término curador proviene del ámbito legal, antes de migrar al arte. "Es aquel que está a cargo de los bienes de los niños y los locos", se dice. ¿Será porque la práctica artística también atraviesa el mundo infantil y las dimensiones de la locura?
Tal vez. Jurídicamente también se le dice curador a los que están a cargo de los bienes de los ancianos, o de los que no son capaces de administrarlos; así, el término tiene que ver con querer ser el nexo entre el público y los artistas. En España se utiliza la voz 'comisario', que me parece sería más adecuado, pero el término 'curador', por la influencia del mundo anglosajón, es el que más se usa.

¿Cuál es la labor del curador?
La labor del curador es hacer una propuesta museográfica, si se puede aplicar el término; proyectar una especie de guion conceptual basándose en un tema determinado, y encontrar las obras que un poco encajen con esa idea. Se puede trabajar de distintas formas, convocando a artistas sobre la base de temas específicos, por ejemplo, pero en general es eso: es proponer exhibiciones relacionadas a cuestiones muy específicas.

Al final quién decide lo que vemos o cómo lo vemos, ¿el curador o el artista?
Es cierto que han existido muchos abusos de parte de curadores, que han llevado a que los artistas puedan haberse sentido utilizados. Lo ideal es llegar a un término medio en el cual, por supuesto, el artista tenga la libertad que siempre debe tener y el curador debe saber hasta donde llega su labor.

Una exposición puede ser entendida como un ensayo visual, que se da por la interacción entre las obras, el público y el espacio que los contiene. ¿Concebir el guion de una exposición es análogo a hacer el guion de una película?
Me parece interesante la analogía, pero pienso que eso sería dar demasiada importancia al curador, ya que terminaría siendo el autor del producto, lo que es un director de cine. En el caso de retrospectivas el curador tiene un perfil más de historiador de arte; pero cuando hay propuestas en las cuales se pide a los artistas obras, sobre la base de cumplir una idea del curador, a veces eso da pie fácilmente a que el curador pueda terminar siendo el artista del proyecto.

¿Se puede ser artista y curador en la misma muestra?
Sí, yo creo que siempre es importante editar tu propio trabajo, y en ese sentido sí.

Presentas ahora "Vaivén", en la galería Vértice, retomado ese persistente vínculo con la Amazonía peruana visto en "La piel de un río", o "Camuflaje", dos de tus últimas muestras...
Lo que pasa son dos cosas, por un lado está la cuestión abstracta y del otro la intensidad cromática, que es lo que hace este vínculo con lo que tú mencionas, con las exposiciones previas. Definitivamente sigo explotando ese lenguaje, lo sigo desarrollando, y las referencias siguen estando allí, pero ahora son más lúdicas. La inclusión del video y los dibujos es otra vertiente lúdica, pero que tiene que ver más con mi realidad inmediata.

El color es casi tan importante como las líneas, para generar esta sensación de movimiento, de "Vaivén"...
Tanto el diseño como el color tienen una carga bastante fuerte. En algunas obras esa carga es más conflictiva, y en otras prima el diseño, sobre todo en los trabajos que están hechos sobre la llanchama, y que son como el final de la serie. Son obras en las que hay una mayor depuración, como buscando algo más minimalista, si se puede decir eso. Pero hay también esta cuestión de jugar con las distintas texturas.

¿A qué le atribuyes esa evolución, ese cambio?
Definitivamente el ser humano cambia. Yo creo que mi trabajo siempre responde a situaciones y vivencias, a los cambios que he dado desde "Huayco", o a mi paso por Nueva York, y luego la vuelta en Lima, tratando de sentir y conocer más la realidad pluricultural de un país como este. Esa es la clave, no cerrarse a Lima, sino más bien tratar de entender lo que es el Perú.

¿Te refieres a la visión de un artista comprometido con lo social, o esa no es su función?
No, de hecho el artista tiene que tener un compromiso social, más en un país como este. Si estuviésemos en un lugar donde todas las situaciones están definidas y donde las galerías y museos tienen un mayor rol de participación en lo que es la cultura, el artista podría tal vez derivar más su tiempo a su propia obra. Es cierto también que aquí muchos artistas tienen que fungir de muchas cosas, porque las instituciones brindan un apoyo muy limitado.

¿Qué medidas urgen implementar en el campo artístico?
Hay varios aspectos. Uno tiene que ver con un tema de mecenazgo. Toda persona que quiera donar productos artísticos, ya sea en dinero o en obras, debería estar beneficiada en términos tributarios; eso ayudaría mucho. Y por otro lado el tema de descentralización, algo muy importante en un país como este.

¿Por eso has expuesto en Trujillo y Arequipa?
En parte. Todos quieren exhibir en Lima porque es la plaza grande del mercado, pero a veces eso se confunde. En otros lugares hay una gran sed de querer ver lo que sucede en la capital, pero no hay el sustento, y los artistas son pocos.

¿Qué reflexión harías ahora en relación con el caso de censura de Piero Quijano?
Solo diré que creo que el Estado debería fomentar más las artes, no solo el arte contemporáneo, sino también las artes en general, porque son la cultura viva, y no pensarlas solo como si fuese una cuestión turística, que es lo que se ha venido haciendo. Fomentar las artes es lo opuesto a censurarlas, y en eso el rol de todo Estado es lograr el bienestar de sus ciudadanos.

¿Y sobre lo que pasó en Miraflores?
Lo de Miraflores es un caso importante, porque es un distrito con recursos, pero con una gestión municipal pésima a todo nivel: cultural, administrativa, hasta para arreglar una calle no son capaces. Y es una lástima que, con salas como la Miró Quesada y la Ricardo Palma, no se brinde el apoyo a las personas que están a cargo en la gestión de proyectos.

Pese a todo, ¿dirías que ahora hay un ambiente más propicio para el desarrollo del arte joven, que hasta hace unos años?
Eso es algo que tiene que ver con la economía y una institucionalización mayor de lo que es el ambiente artístico, con iniciativas como las del MALI, que han logrado aglutinar a coleccionistas jóvenes en torno a artistas jóvenes también. Ha habido críticas respecto a que son un número reducido y que siempre son los mismos, pero pienso que esa es una experiencia válida y valiosa de hacia dónde deberíamos apuntar. El hecho también de que las galerías estén saliendo afuera, participando en ferias, permite que el mercado se abra y los artistas tengan más oportunidades. De todas maneras son pocos los artistas que pueden vivir de su trabajo. Pero eso era inexistente o se podía contar con los dedos de la mano hace 20 años.

¿Cuál es tu opinión sobre el caso del Museo de Arte Contemporáneo?
Es una lástima que se haya desperdiciado tanto tiempo en ese proyecto, y que no se haya podido pasar la barrera de incomunicación y falta de transparencia en lo que ha sido la labor del IAC en su gestión, que yo considero que ha estado siempre a espaldas de los artistas y de los vecinos del distrito. Eso ha creado la situación propicia para que el alcalde trate de anular la creación de este museo.

Y en ese contexto es muy importante el aspecto crítico...
Definitivamente, tienes como ejemplo en EE.UU., cuando empieza el expresionismo abstracto, a Harold Rosenberg o Clement Greenberg, que eran críticos con mucho poder que podían aplastar o elevar a los artistas. O cosas como Jackson Pollock en la portada de una revista como "Life", algo que no se había dado antes. Pero ahora, en un mundo globalizado, hay una infinidad de artistas que vienen de toda esta cuestión warholiana de los 15 minutos de fama, a los que se aferran por años con la complicidad del mass media. La obra pasa a ser una mercancía, y en eso la crítica puede influir mucho.

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