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EL LADO OCULTO GÜIDO CARABELLI, EX GERENTE GENERAL DE TEKNO

Fue sin querer, queriendo

A INSISTENCIA DE OTRO, ÉL TERMINÓ COMPRÁNDOSE UN VELERO. LO SUYO ERA LA CAZA. ¡LO SUYO ERA PISAR TIERRA FIRME! PERO OCURRIÓ Y NO SE ARREPIENTE. TIENE CAMPEONATOS EN SU HABER

Por Antonio Orjeda

Uno de sus abuelos fue marino. Hasta entonces --mayo de 1983--, ese era el único hecho que podía vincular a Güido con el mar. Aunque, claro, el abuelo había ejercido ese oficio en el siglo XIX.

Sus jornadas de dis-tensión, las de Güido y los suyos, hasta entonces habían transcurrido en los valles de Chincha, Huaura y Huarmey, escopeta en mano, dedicándose a la afición de toda la familia: la caza.

Con el terrorismo, sin embargo, esta se vio interrumpida. "Y la vela me cayó de perillas". Esta disciplina, igual que otras cosas en su vida, empero, cayó de purita casualidad en su camino.

LO QUISO EL DESTINO
Cuatro décadas atrás, Güido era un esforzado vendedor de pinturas Tekno cuando, a causa de la enfer-medad de un subgerente, terminó ocupando ese puesto.

El ingreso a esa empresa fue también fortuito. En casa urgía el dinero y, su papá, conocía al dueño de Tekno. Güido era estudiante de economía. "¡Desde mañana eres vende-

dedor!", decretó Patricio Almenara, socio de Mario Piacenza, quien, sentado frente a Güido, decretó años después: "Tú deberías comprarte un velero".

"Yo de veleros no sabía mucho". En realidad, no sabía nada. Seis meses de insistencias después, el novel ejecutivo aflojó: "Yo compro un velero solo si tengo un socio". Creyó que así desalentaría a su jefe. Semanas después, este le informó: "Me debes 1.370 dólares".

Se trataba de la cuota inicial de un J24. Güido ya tenía socio. Sí, Piacenza.

"El primer año fue todo nervios. Era una cosa desconocida, ¡yo estaba acostumbrado a pisar la tierra! Casi llegué a sentir miedo, pero seguí". Así fue y, un año después, Güido ya era el capitán de "Vanessa". Así se llama su velero, como su princesa.

Piacenza navegó con él solo tres veces. Prefería ver competir al muchacho que terminaría conduciendo los destinos de su empresa. Lo hacía, claro, desde la comodidad de su propio velero. Uno mucho mayor.

Güido reclutó desde un principio a sus dos hermanos como parte de su tripulación. Los tres aprendieron sobre la marcha. Su bautizo fue en una regata. No llegaron últimos (eso ya había sido una buena señal).

Solo cinco años después, el 87, ocuparon el segundo lugar en el Campeonato Sudamericano de Ancón y, el 92, fueron campeones nacionales. En Argentina, en otro sudamericano, se les volteó la nave. "¡De esas cosas nunca te olvidas!".

De lo que uno sí se olvida --a bordo de un J24--, es de los problemas. ¡Total, en una regata, estos se presentan en manada!

"Siempre hay bron-cas, pero se acaba la com-petencia y, como digo yo: Nadie sigue dándole la vuelta a la manivela".

Por su experiencia, Güido fue nombrado juez de protesto (garantiza que en una regata el reglamento se respete). Disfrutaba ejerciendo esa respon-sabilidad, pero la tuvo que dejar el 2001, cuando asu-mió la gerencia general de la empresa que él ayudó a hacer crecer.

Acaba de dejar ese cargo, así que cuando lea este texto, seguro lo hará a bordo de esa nave a la que llegó de casualidad.

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