La huaca Pucllana es un centro ceremonial construido aproximadamente entre el año 200 y el 500 de nuestra era por la cultura Lima, que se desarrolló principalmente en los valles de los ríos Rímac, Chillón y Lurín.
Se trató de una sociedad de agricultores, artesanos y, sobre todo, de pescadores, tal como lo evidencian las distintas ofrendas encontradas en la huaca, que dan fe de la estrecha relación entre los constructores de la huaca y el mar.
Los limas tuvieron que ceder el dominio de la región, y el de la huaca Pucllana, a los invasores waris que tomaron el control de la región hacia el 700 de nuestra era.
La expansión wari en la zona fue, al parecer, una conquista pacífica: no se han encontrado restos de armas de ningún tipo en la huaca y se estima que a la llegada de los invasores, los limas dejaron el lugar, probablemente camino a las zonas más altas de los valles que antes dominaban.
Así, el centro ceremonial pasó a ser una dependencia administrativa wari y lugar para el entierro de los miembros de su élite, tal como la evidencia encontrada hasta ahora --reforzada por este nuevo descubrimiento-- hace pensar.
Tras la decadencia del imperio wari en el año 1000 de nuestra era, aproximadamente, se registró un repoblamiento del centro ceremonial por parte de la cultura Ichma, probablemente los descendientes de los limas desplazados por el avance wari. Sin embargo, ya para ese entonces la importancia de Pachacámac como centro religioso y los tres siglos de dominio wari en la zona habrían condenado al abandono a la huaca Pucllana.
Lo siguiente en su historia es --como ya hemos dicho-- el saqueo sistemático que el sitio sufrió durante la Colonia, instigado por los españoles y su afán por encontrar piezas de metal precioso. Esa búsqueda queda evidenciada por el estado en que se han encontrado los contextos funerarios: saqueados y destruidos, pero vueltos a sellar por el paso del tiempo.
La presencia de ricos restos textiles como los del Señor de los Unkus da pie a pensar que lo que los saqueadores buscaban fueron piezas de oro y plata, razón por la cual destruyeron los contextos funerarios, pero no se llevaron los exquisitos mantos encontrados hace tres años.
RESCATE Y GESTIÓN
Gracias a la intervención de Julio C. Tello en los años 40, el complejo fue declarado intangible, justo cuando se planificó la urbanización de toda esa zona de Miraflores. El estado en que se encontraba, sin embargo, dio pie para múltiples usos y ocupaciones en aquellos años.
Uno podría recordarla como el escenario de "Sobre los modos de ganar la guerra", uno de los cuentos de Julio Ramón Ribeyro reunidos en "La palabra del mudo", o como el de tantas anécdotas de quienes crecieron en Miraflores en esa época y la vieron como escenario de paseos en bicicleta, partidos de fulbito o lugar de crianza de pollos y chanchos.
Más tarde, hacia 1980, la zona se había convertido en un problema: los vecinos se quejaban de que la huaca ofrecía cobijo a la prostitución y la venta de drogas. Por eso, durante el régimen municipal de Jorge Rodríguez Larraín, y tras un foro denominado Miraflores al 2000, se delineó el plan que ha rescatado la huaca Pucllana (hasta entonces conocida como huaca Juliana): una colaboración entre la municipalidad y el Instituto Nacional de Cultura para recuperar y poner en valor el sitio.
Hoy --como todos sabemos--la huaca Pucllana es un ejemplo de gestión y puesta en valor del patrimonio histórico para todo el país, tal como lo evidenció el debate que suscitó la Ley 29164, que proponía la inversión privada en zonas aledañas a sitios históricos, cuyos defensores vieron en esta experiencia miraflorina un ejemplo nacional.
CLAVES
A En 1997 se descubrieron cuatro fardos correspondientes a la nobleza de la cultura Lima y otros seis a mujeres aparentemente sacrificadas como ofrendas.
B Tres momias, situadas boca abajo en el lado sur de la huaca, fueron halladas en el 2001. Eran las osamentas de tres mujeres de entre 18 y 25 años de la cultura Lima.
C En el 2005 se descubren los restos momificados de un personaje de unos 1.300 años de antigüedad perteneciente a la cultura Wari. La momia se encontraba decapitada, envuelta en un fardo funerario, y junto a los restos de tres niños, colocados allí como ofrendas. Los ricos vestidos hallados dan pie a que se denomine al personaje el Señor de los Unkus.