LITERATURA FANTÁSTICA. La mirada ácida de Roas
Por Gonzalo Galarza Cerf
La suya es una visión ácida de la cotidianidad de la vida. David Roas es un escritor cuyo humor corrosivo y universo fantástico le han permitido enfrentarse a sus mayores temores y descuartizar, a través de su personaje el arponero, a personajes tan disímiles como Jacques Derrida y el cantante Raphael. Batallas literarias donde sus personajes caen casi siempre derrotados.
¿Los protagonistas de sus historias al elegir sus propios caminos son condenados a finales absurdos?
Sí, hay mucha fatalidad. Me identifico mucho con Woody Allen en su pesimismo vitalista. En mi literatura hay mucho humor, y condeno a los personajes a esas situaciones absurdas de la vida. Ninguno gana, porque eso sería épico y los míos son perdedores.
Hay un universo de 'freaks', el hombre que colecciona pelusillas de su ombligo...
Sí, lo que busco es perseguir y revelar los horrores cotidianos. A mí me interesa el horror humano, esa miseria que la vida tiene y en definitiva condena a los personajes de mis historias a ser 'freaks'. Seres extraños en un mundo extraño; en definitiva soy yo. Soy un poco de cada uno.
¿El cuento "La agonía del salmón" es el temor a las ataduras?
Sí, no es el horror a ser padre, sino a la pérdida de libertad, a la desposesión de uno mismo. La imagen es la del final del salmón: entrega todo para que continúe la especie.
Freud decía que los grandes temores son los mayores deseos.
A lo mejor. Aún no me he psicoanalizado, pero sí utilizo mucho la crítica psicoanalítica en literatura, en mis clases y trabajos. La considero muy útil e interesante. Desconfío de las personas que han dejado que el psicoanálisis acabe siendo una especie de autoayuda y guía de la vida. Me río de eso y de todo. Es un poco desacralizar el mundo.
¿En la revista "Quimera" ha descuartizado a medio mundo con el personaje del arponero?
Sí, mi intención era hacer crónicas humorísticas destinadas a saetear todo lo que pillaba. Nadie sale bien parado, ni el arponero que es un pobre idiota.
¿Igual es un tipo corajudo que va al concierto de Raphael contra los temores que le implica ir?
Sí, que sea un arponero tiene que ver con una cierta épica que no tiene. La crónica de Raphael es la única vez que se asusta, huye y sale derrotado. Lo venció el musical.
También ha apuntado a la dictadura de Franco, están los personajes que quieren clonarlo.
Qué mejor manera de matarlo que hacer que unos fascistas como él intenten clonarlo. Obligan a uno a masturbarlo para obtener ese semen que permita a la dictadura seguir. Por suerte no siguió.
¿Ha dicho que el mundo está condenado a la estupidez?
Sí, quizá algunos elementos que nos permiten cambiar ese temporal son la cultura y el arte. Tampoco nos van a salvar ni van a modificar la realidad, pero sí son un refugio.
¿El suyo es ver a Woody Allen y a Los Simpson?
Sí, hay algo en Los Simpson que me toca muy adentro. Esa visión delirante de la realidad me interesa muchísimo. Y en Woody Allen encontré un referente para mi forma de hacer humor.
Los Simpson es la decadencia de la sociedad llevada al límite.
Siempre digo: "Esos somos nosotros". Esa familia es normal. Homero es borracho e idiota, pero quiere a sus hijos.
Cortázar decía que el sentimiento de lo fantástico era normal en él...
Sí, yo siempre he tenido la sensación del fuera de lugar, que no acabamos de comprender cómo funciona esto. Otra gente prefiere no pensar y deja que las cosas los lleven. El único aforismo que he escrito en mi vida fue: "La reflexión continua conduce al caos". Pensar mucho es malo, pero es inevitable.
¿Es un pesimista vitalista?
Sin duda. No es que sea depresivo. No he tenido que tomar nada ni ir al psicólogo. Quiero pasarla bien, pero mi pensamiento cuando me acuesto es el de la muerte.
¿Desde cuándo?
Desde muy niño. Me horrorizaba profundamente desaparecer. No soy una persona miedosa, pero la desaparición sí me inquieta mucho. Soy absolutamente ateo, no concibo ningún tipo de trascendencia. Hay un vacío, y eso me angustia inevitablemente aunque haya pasado una noche feliz.
Es paradójico, se burla de la vida misma y al final teme dejarla.
Es como el chiste de Woody Allen: dos mujeres están en un balneario y una dice la comida del sitio es una mierda. Y la otra responde que encima es poca. Él añade: "Esa es mi visión de la vida, sufres y sufres, pero encima la vida es corta". Reconozco que soy una persona vitalista y trato de pasarla bien, pero no tengo una visión esperanzadora.
LA FICHA
NOMBRE: David Roas.
EDAD: 43.
PROFESIÓN: Escritor y profesor.
OBRAS: "Meditaciones de un arponero" (E.D.A. Libros, 2008); "Horrores cotidianos" (Editorial Menoscuarto, 2007); "Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera" (2005); "De la maravilla al horror. Los orígenes de lo fantástico en la cultura española, 1750-1860" (2006); "Los dichos de un necio" (1996).