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ANTOLOGÍA DE OSWALDO CHANOVE

Balas y bodas de plata

Por Diego Otero

Con el fin de la década del setenta la poesía peruana empieza a sufrir un considerable proceso de diversificación estilística y temática. El surgimiento de voces singulares y sólidas, difíciles de inscribir en los compartimentos estancos que la crítica de la época había diseñado -voces como las de Carlos López Degregori, José Morales Saravia o, en menor medida, el Mario Montalbetti de Perro negro-, prefigura un subsecuente ensanchamiento en el registro expresivo de nuestra tradición. (Un ensanchamiento que sería, además, en cierto modo, consecuencia de una serie de profundas movilizaciones sociales y culturales, y que llegaría a niveles exponenciales a partir de la década del noventa).

En ese contexto, la publicación de El héroe y su relación con la heroína (1983), el primer libro de Oswaldo Chanove, supuso algo así como la afirmación de una tradición de lo insular, o como lo pone el propio Chanove en una entrevista reciente, de una "tradición de poetas sin tradición". El héroe y su relación con la heroína es un debut maduro. Con un estilo acerado, de un humor contenido y algo oscuro, el libro recurre a imágenes de escaso prestigio lírico, usualmente importadas de la cultura popular -el western y el film noir-, para edificar una poética intensa y paradójica, en la que lo sensorial y la reflexión crítica friccionan y se anudan.

Sus tres libros siguientes profundizan ese filón, y maduran un lenguaje sostenido en la aspereza y la economía verbal.

Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces es una antología que celebra 25 años de trayectoria; 25 años representados en esos cuatro libros. Pero no se trata de una antología concebida sobre una base cronológica y bibliográfica, que sería lo convencional, sino sobre seis ejes temáticos que reconfiguran la estructura de dicha trayectoria, y que Chanove califica como "asuntos que se han revelado ya como obsesiones". A saber: el amor y el deseo, el acto creativo, la fe y la idea de Dios, la historia, la identidad, la muerte.

A este corpus recontextualizado Chanove le suma un libro inédito, Qué es lo que yo sé y los demás no saben. Un libro que el autor disemina a lo largo del conjunto, de acuerdo a los requerimientos que surcan cada uno de los ejes temáticos, y que cierra la idea de que durante estos 25 años el poeta no escribió sino un solo libro, que es el que ahora podemos leer. La publicación de Las palabras no pueden expresar lo que yo experimenté entonces es el justo homenaje a una voz insular y consistente, que ha sabido crecer lejos de todas partes, fiel a sí misma. Como se debe hacer en tiempos duros.

EL OTRO CHIRINOS, EL MISMO
Con una obra poética bastante extensa y meritoria, Eduardo Chirinos, como creador, debe tener sobre sí un péndulo que le apremia qué nota modificar, qué fibra nueva oprimir para mover su canon poético personal hacia nuevos territorios. Algo de esto hemos sentido en este nuevo libro, compuesto de cuatro secciones bien diferenciadas.

En las tres primeras el poeta ha abandonado los temas y el corpus lingüístico de sus libros más representativos, aquellos que le han dado un tono particular a su escritura. Sin ese humor cáustico que le caracteriza, sin su constelación habitual de temas, en estas secciones apuesta por un tono más conservador y su lenguaje avanza sin riesgos hacia reflexiones con una voz más bien lírica, sin esos sabios desbordes de otros tiempos que le admiramos, aunque también se nos presenta como una exploración de cierto tipo de retóricas ajenas a su decir personal, contemplativas.

La cuarta sección, que le da título al libro, es casi un arte poética en varias estancias, por un lado, y por otro una distanciamiento frente a su obra y una reflexión sobre la utilidad de la poesía. Curiosamente es la sección que más apego tiene al lenguaje del Chirinos que hemos leído antes y que, particularmente, nos gusta más. ¿Es este libro una apertura hacia otro Chirinos? Sí y no. En sí mismo, el volumen recoge un estilo diferente, pero se cierra sobre el Chirinos clásico, lo que nos permite avizorar que, finalmente, lo que intenta es cavilar sobre su oficio. Este libro nos muestra un poeta recogido sobre sí mismo, íntimo y muy personal. (Por Enrique Sánchez Hernani)

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