HABLE CON ELLA
Por Marcela Robles
Aunque ahora no se sienta en el jardín con el culo al aire comiendo tierra, como cuenta que lo hacía cuando era niño en las primeras páginas de su libro, creo que el escritor francés Daniel Salleron sigue siendo el mismo que observaba el mundo maravillado desde entonces.
El autor ha tratado durante toda su vida mantener esa mirada. Aunque una de las cosas que se lo impiden últimamente es que se le ha dado por hablar demasiado, y eso a veces no le permite ver la maravilla. Propongo entonces que entre todos sus amigos le regalemos nuevamente esa regadera roja de su infancia, de donde comía tierra, como Amaranta, para lograr que se calle un poco y escuche con mayor atención.
Pero es comprensible, porque su discurso es fascinante, y las referencias culturales de sus relatos son imponderables: un hombre del Renacimiento strictu sensu. Cuando Daniel habla todos quedan boquiabiertos frente a estas aventuras que cualquiera "pagaría por ver", como un póker de ases. Felizmente, él convierte todo esto en literatura. Y ahora nos trae este bello libro, "El sabor de la pimienta" (Editora Mesa Redonda, 2008), que fue presentado el pasado miércoles, y de cuyo título debo confesar sin ningún pudor que soy casi coautora.
Daniel es en realidad la reencarnación de Magallanes. Porque la narración de sus cautivantes aventuras nos recuerda al legendario portugués que navegó el mundo entero en busca del famoso "Estrecho", y de las Islas de las Especias (islas Malocas, en Indonesia), adonde finalmente llegó. Pero los acaecimientos de Magallanes, que incluyeron todos los males imaginables en su travesía (escorbuto, hambre, tener que comer él y sus tripulantes cuero reblandecido, igual que Salleron, tal como lo menciona Enrique Zileri en la contratapa del libro), son un chancay de a 20 frente a las penurias que tuvo que sufrir este viajero impenitente en su busca de la pimienta en el Perú. Con la diferencia de que Daniel es un sobreviviente, mientras que el pobre Magallanes murió en una tribu cebuana en las Malocas, y entonces tomó la posta Sebastián Elcano, que se llevó parte de la gloria al llevar las especias a España.
Salleron sigue viendo al mundo dividido entre dos bandos. Los de los adultos y los niños. Y él sigue siendo el niño. Y me permito decirlo porque cuando lo conocí yo tenía 4 o 5 años y me sentaba en sus rodillas a jugar cuando él tenía aproximadamente 25. Toda una perversión que ya más grandecita he vuelto a repetir, para otro tipo de juegos, todos inofensivos.
Pero más allá de lo personal, y no porque importe poco --ya que Daniel ha puesto sus vísceras en este libro y muchos años de arduo trabajo-- lo literario nos trae de manera melancólica, sinvergüenza, tierna y carcajeante (porque nos hace llorar de risa en algunos pasajes) el relato de sus aventuras y desventuras, logros y naufragios del que fuera uno de los muchos comienzos de su vida en el Perú y en el mundo.
El libro resucita las memorias de un verdadero conspirador, que ha vivido su vida, aunque fuera por revancha hasta las últimas consecuencias. Ya solo por eso vale la pena leer su obra.