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POESÍA

La difícil sencillez

Por Enrique Sánchez Hernani

La aparición después de quince años de abstinencia del cuarto libro de poesía de Luis Eduardo García (Piura, 1963) es la recuperación literaria de un autor de valía. Sus tres libros de poesía previos (publicados el 86, el 87 y el 92) no le significaron mayores menciones de importancia, pese a que el 85 ganó el premio El Poeta Joven del Perú, que otrora era consagratorio. Por eso sorprende doblemente este libro: es la confirmación de una voz lograda y que se despliega con dotes propias en el concierto de nuestra tradición poética.

Son 37 poemas distribuidos en tres secciones que de una u otra manera aluden no solo al navegar sino al desarraigamiento de este mundo, concordando con su nombre.

La sección más notable es la segunda, "Puertos extraños", donde aparecen dos textos vinculados en alguna forma, llamados "Lisboa" y "Pessoa". El primero recrea una ilusoria cita con el poeta luso que también es abordado en el segundo texto. Dentro de un estilo de coloquialidad poética que lo emparenta a la poesía cubana de la generación del 60 y a la antipoesía de Nicanor Parra, García usa sus recursos para indagar por el corpus lírico y la ubicación social del poeta; tal estilo es común a todo el libro. En los textos aludidos arriba, representativos del libro, hay un manejo firme de la imaginación que hace funcionar al poema como una gran metáfora que se alimenta de un hilo narrativo absolutamente fantástico.

García cultiva lo que podríamos señalar como una poesía de la existencia, donde el humor y la ironía le son útiles para distanciarse del mundo material, recusarlo y hacer notar sus incongruencias éticas. La cotidianeidad que se respira en sus textos son el soporte dramático para enfilar críticamente contra el diario avatar (leer "Barbarie" y "Civilización", por ejemplo) y desde allí desplegar una poesía absolutamente transparente, sencilla, que tras esa aparente simplicidad oculta un manejo diestro del ejercicio poético.

¿Cómo ubicar las raíces y el parentesco de un escritor que ha hecho toda su obra en Piura con el resto de sus congéneres nacionales? Esto podría conducirnos a una paradoja y a señalar que en ciertas provincias (la otra que conocemos bien es Arequipa) existe una saludable proliferación de poetas de muy buen nivel. Que esta edición sirva para entregar a García a sus lectores y para difundir una obra que merece ser conocida en todos los ámbitos.

Viviendo el Tiempo
La obra poética de Yolanda Westphalen se caracteriza por una acendrada vocación filosófica y lo canónico de sus versos traducen con sabiduría cotidiana aquel delirio interior que la sume constantemente en la bruma metafísica. Condiciones que han guiado una escritura íntima, laboriosa, de sustantivos contenidos y natural euforia al expresar al mundo complejos pensamientos a partir del intimismo autobiográfico. Esta vez, Westphalen poetiza la herida existencial que crece en un dolor sin lágrimas y nos entrega Viviendo el Tiempo, un poemario excepcional, meticulosamente formulado e inspirado en honduras del pensamiento, la elegía escrita como auténtico desafío de sí misma que torna su llaga metafísica en 47 poemas de singular cadencia y escrupulosamente inéditos en su estructura.

En el desgarro de sus palabras, reconocemos su temple al exponer sentimientos que la agitan y la hacen vulnerable, pero que no significan fragilidad, sino por el contrario muestran una fortaleza singular al poetizar su desolación por lo efímero del ser y el vacío ontológico desde la más recóndita mismidad.

Más allá de la belleza expresiva y de una armoniosa construcción literaria, Viviendo el Tiempo pone de manifiesto la entereza y la convicción moral de la poeta para seguir buscando una razón de plenitud al enfrentar los rigores de un tiempo que torna lo vivido en un puñado de borrosos recuerdos, olvidos radiantes y sonoros silencios. Este libro es una elegía nacida para perdurar, y suscitará en tirios y troyanos un espontáneo agradecimiento a Yolanda Westphalen y una inclinada venia ante su magna obra literaria. (Por Marita Troiano).

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