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Una modelo y su prima fueron capturadas por extorsionar a un empresario. Empero, fueron liberadas y sus paraderos son un misterio

Un extraño juego de extorsión

Crónica. UN CUESTIONADO CASO

Por Alberto Villar Campos

El perturbador secreto de Clarisa Ojeda León (22) tenía la forma de una letra "s" atravesada por dos barras paralelas e iguales. Hasta antes de su captura, la biografía de esta joven alumna de Ciencias de la Comunicación se resumía tan solo en una breve carrera en el modelaje y en un convencimiento febril por la actuación como forma de vida. Quizá por ello, en las salas de la Dirección de Investigación Criminal (Dirincri), Clarisa les contó a los agentes que "Tiempos violentos", la sangrienta y célebre película de Quentin Tarantino, fue su inspiración cuando pensó en extorsionar a Juan Lei Sincho (48).

"Solo quise molestarlo, pero las cosas se me fueron de las manos. Jamás tuve la intención de hacerle daño, fue una broma estúpida", dijo la estudiante.

Su defensa, sin embargo, pareció no surtir efecto: a las 10 p.m. del jueves 21 de agosto, ella y su prima Renée Carmela Manyari Ojeda (20) fueron capturadas por la División de Secuestros de la policía en la cuadra 7 del Malecón de la Reserva, en Miraflores. Clarisa ignoraba que los 11 mil soles que llevaba en su cartera habían sido marcados previamente por sus captores. La palidez de su rostro hablaba por sí sola. El juego había acabado para ambas.

LLAMADA DE ADVERTENCIA
La odisea de Juan Lei Sincho se inició el pasado 26 de julio, el día en que por primera vez oyó la voz de Clarisa. A través del teléfono, la joven remeció al empresario con una parca pero sorprendente amenaza: "Sabemos que tu hija está de viaje en Argentina y, si no me das 70 mil dólares, la enviaremos de regreso... pero en un ataúd".

¿De quién podía ser aquella voz que hablaba del paradero de la mayor de sus tres hijos? fue la primera pregunta que se hizo Lei Sincho. Esa, sin embargo, no sería la única información con la que Clarisa aumentaría el ya por entonces insondable temor del próspero negociante. La fémina, quien dijo allí llamarse "Claudia", le reveló el nombre de la universidad donde su hija estudiaba, así como el trabajo que él tenía y las propiedades que posee en la ciudad.

¿Podía ser verdad? Dos días después de esa conversación, y tras poner a su hija a buen recaudo, el empresario denunció la extorsión a la policía. Por entonces, lo único que los investigadores tenían como pista eran unos cuantos números telefónicos y un nombre que era falso.

POLICÍAS ENCUBIERTOS
Hijas de altos oficiales del Ejército Peruano, Clarisa y Renée tuvieron desde pequeñas una vida similar: habían estudiado en el colegio Pedro Ruiz Gallo y elegido el mismo centro de estudios para seguir sus carreras universitarias. Algunos de sus vecinos --ambas viven en casas cercanas en la Villa Militar de Chorrillos-- dicen que las jóvenes fueron siempre muy unidas, además de tímidas. El presente, no obstante, dista mucho de esa confusa imagen.

Clarisa y Renée efectuaron 30 llamadas a Lei desde varias cabinas públicas en Barranco, Chorrillos y Miraflores, así como de sus propios celulares, explica el coronel PNP Jorge Mejía, jefe de la División de Secuestros de la Dirincri. Fue una labor lenta en la que participó incluso el empresario. "Él (Lei) quería pagar y acabar con esto, pero esa no es la mejor idea para este tipo de negociaciones", sostiene el agente.

Casi un mes después, y en medio de una tensa discusión telefónica, Clarisa fijó un precio a Lei para acabar de una vez por todas con el problema. El jueves 21 de agosto por la noche, le detalló la mujer, este debía acudir a un café de Larcomar, en Miraflores, y dejar allí los 11 mil soles pactados en un baño.

En efecto: a la hora programada, Lei llegó al lugar y comprobó que en este no había ningún baño. "Quise probar si estabas realmente allí", le dijo Clarisa, y prosiguió: "Déjale el sobre con la plata a un mozo y dile que tu amiga 'Claudia Ortiz' pasará a recogerlo".

Clarisa, la joven cuyo rostro había aparecido en comerciales y series de televisión tan solo algunos meses atrás, no imaginó que la persona que le entregaría el dinero en el café sería, en verdad, un policía encubierto. Junto con él, seis agentes más esperaban dentro del lugar a que el delito se consumara para detenerlas.

¿DÓNDE ESTÁN AHORA?
Sin embargo, a pesar de las pruebas en su contra (los billetes al interior de la cartera de la modelo y el registro de las llamadas telefónicas que esta hizo a Lei), de que se les capturó pocos minutos después de haber consumado la extorsión y, sobre todo, de sus propias confesiones, Clarisa y Renée fueron liberadas por la jueza Gloria Silverio Encarnación, titular del Juzgado Penal 48 de Lima, a pocas horas de haber llegado a su despacho, debido a que no había peligro de que ambas fugaran del país.

Para Ricardo Bellino, abogado de los Lei Sincho, la decisión de la jueza no ha hecho sino aumentar el temor de sus defendidos y poner en tela de juicio las leyes del país. El pasado jueves, la Oficina de Control de la Magistratura (OCMA) separó a Silverio del juzgado donde laboraba e inició una investigación de oficio.

Mientras tanto, trascendió que, paradójicamente, Clarisa habría fugado a Argentina. En las casas de ambas, en Chorrillos, nadie responde o quiere dar razón de ellas.

Sin embargo, una pregunta queda en el aire en esta historia. ¿Pudieron las primas idear una pesadilla tan macabra como la que vivió Lei Sincho o hubo alguien más detrás de esto? ¿Cómo, entonces, podían ellas saber todo sobre la vida del empresario y su familia? ¿A través de una página para hacer amigos en Internet, como dijo Clarisa en su defensa? En su confesión, Renée Manyari --a quien Clarisa amenazó con matar si le contaba a alguien lo que hacían-- dijo que su prima recibió una llamada justo después de haber recogido el dinero de la extorsión. "Ya te voy a pagar, porque ya tengo la plata", le dijo Clarisa a un hombre que hoy representa el último misterio por develar en las oficinas de la Dirincri.

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