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El insomnio del ministro y la siesta de los médicos

Por: Juan Paredes Castro |

El ministro de Salud no tiene que ser necesariamente un médico. Y si es un economista, como Hernán Garrido Lecca, tiene que tener perfectamente claro qué resultados quiere alcanzar y a qué costo real y efectivo.

Por supuesto que en medio del camino tiene una montaña de problemas, como lo tiene todo ministro peruano, a la que debe ascender con una roca encima cada día.

Nadie tiene fácil y regalado un cargo tan crucial en el Gobierno. Ahora le toca lidiar, por ejemplo, con el gremio médico, bajo negociaciones y presiones que no despiertan la envidia de nadie. Pero tiene que hacerlo porque esa es su función. La cuestión peliaguda es que el gremio médico ha acumulado fuerzas gracias a decretos del primer gobierno de Alan García y no va a ser fácil rebajárselas en el segundo mediante los mismos expedientes.

Conflicto médico aparte, y sin menoscabo de su importancia, el ministro de Salud no puede estar librando batallas en varios frentes y con una intensa exposición personal en la primera línea de fuego. No es que deseemos verlo apoltronado en su escritorio. Lo ideal sería que su visión de la problemática de la salud del país y de los medios para enfrentarla, le sugiera la necesidad de formar un equipo gerencial de primera categoría, capaz de asegurarle resultados ejecutivos óptimos y le ahorrarle inútiles insomnios de madrugada destinados a malograrle la siesta a cada médico de guardia. No debe olvidar que los galenos de turno tienen derecho a descansar dentro de los intervalos de un horario de trabajo supuestamente controlado y supervisado por un administrador general responsable.

Si Garrido Lecca pretende ser el gerente general sin otros gerentes a los cuales mandar y en los cuales delegar supervisiones claves, acabará batiéndose contra molinos de viento y no haciendo nada de lo que ha pensado hacer, seguramente con las mejores intenciones del mundo.

Con menos protagonismo personal y con más focalización de objetivos concretos, el ministro de Salud puede llevar adelante aquello por lo que ha peleado hasta hoy: construir hospitales con equipamiento completo, sin dejar que los existentes mueran en ruinas, como el Loayza y el Dos de Mayo, para citar solo dos que hace rato pasan por la peor de las emergencias económicas y administrativas.

Está bien que un ministro se esfuerce por construirse su espacio de trabajo propio en lugar de pasar como simple secretario de Estado. Ello supone, claro está, una clara idea de gestión moderna y no únicamente de capitalización política.

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