Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Sobre donaciones y negaciones

Por Fernando González-Olaechea. Redactor

He donado sangre varias veces. Comencé a hacerlo porque mi abuelo necesitaba unas cuantas unidades hace unos años, antes de que muriera, cuando estaba internado en el hospital Rebagliati. Recuerdo que fui con mi papá y con dos de sus mejores amigos. Antes de donar tenía algo de temor, imaginaba el proceso más dramático, pero la realidad fue más simple: llenar un cuestionario, unos minutos en la sala de espera, un pinchazo en el dedo --para ver mi grupo sanguíneo y medir mi nivel de hemoglobina--, otros minutos en una camilla cerrando y abriendo mi puño para que fluyera la sangre a una bolsa que se balanceaba a mi lado y ya. Todo listo.

Lo que pensé después, cuando salía a desayunar a los restaurantes que están al frente del hospital, fue que mi papá no tenía muchos conocidos o que estos eran algo mezquinos, ya que solo consiguió a tres donantes (uno de ellos, yo). Luego doné otras veces, para una tía, para mi otro abuelo otro par y una vez en la universidad, en una campaña de donación.

Después de un tiempo, necesitaba dos donantes para mi otro abuelo, es decir, otra persona y yo. Ahí me di cuenta de que años atrás no fue culpa de la falta de contactos de mi papá lo que hizo que su convocatoria rozara el fracaso.

Me tomó cerca de cinco horas de insistencia --por el Messenger y por teléfono-- conseguir a alguien que quisiera donar. Mis amigos y conocidos, veinteañeros todos, supuestamente en buen estado físico, saludables, no respondían al llamado, básicamente porque tenían algún temor infundado, no querían ayunar, tenían planes para la noche anterior a la donación --planes que suponían, intuyo, consumo de licor-- o porque tenían tatuajes.

No se siente que la donación de sangre sea algo masivo, a pesar de su importancia. Aunque sí hay campañas al respecto en algunas universidades. En la Universidad de Lima, en la UPC, en la PUCP o en la San Martín de Porres se organizan una o dos veces al año.

En el caso de la de Lima, es una vez por ciclo y --según me comentó el Dr. Raúl Acosta, encargado de esas campañas-- hay una buena respuesta por parte de los alumnos. La última vez, dijo, fueron cerca de 180 alumnos a donar. Es un buen número de donantes para un par de días, pero una cuota reducida si pensamos en una universidad de miles de estudiantes.

El problema va por ese lado. No hay conciencia plena de la importancia de la donación de sangre, porque casi nunca pensamos que quien podría necesitarla podría ser algún familiar cercano. Es la premisa de "eso les pasa a los demás".

ELLOS OPINAN
"No es nada del otro mundo"
"He donado por motivos familiares. No creo que sea nada del otro mundo. No lo haría como voluntaria. Hay que guardar cierto tiempo entre donación y donación. Si algo le pasa a algún familiar, no podría ayudarlo".
DIANA ZORRILLA. EGRESADA COMUNICACIONES (PUCP)

"Uno no sabe si se puede contagiar de algo"
"He donado una vez, para un familiar, pero desconfío, puedes contagiarte de algo con las agujas, nunca se sabe. Pero sí creo que la donación es importante, se debería tratar más el tema en los medios".
DANY RODRÍGUEZ. ESTUDIANTE

"Tengo tatuajes, pero me gustaría poder donar"
"No he donado porque nunca se me ha presentado la oportunidad y además tengo tatuajes, y eso lo complica. Sin embargo, si pudiera hacerlo, donaría sin problemas. Si puedes ayudar, en buena hora".
HENRY BEHR MORE. ESTUDIANTE

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Suscríbase Tema del día

¿Tú qué opinas?

  • Cargando lista de blogs de opinión.