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LA BLANQUIRROJA DEJÓ EL ÚLTIMO LUGAR DE LA TABLA DE POSICIONES

Aunque sea por la fuerza

Perú logró ante Venezuela (1-0) su primera victoria en estas Eliminatorias

Por Elkin Sotelo

No hay un santo a quien adjudicarle el milagrito. Es algo así como una quimioterapia para nuestro cáncer y una pausa para menguar el dolor de la enfermedad. Pero sirve, como todo aquello que le limpie la cara un poco a la blanquirroja y renueve el espíritu.

Acerca del equipo de ayer, que por momentos pareció ajeno a Chemo del Solar, es saludable que a su edad el técnico equilibre sus decisiones. Jugamos con dos hombres de contención como Rainer Torres y Paolo de la Haza y encontramos la recuperación de pelota que hasta hoy no conocíamos en la selección.

Con delanteros menos agraciados, pero más empeñosos, los nuestros se encargaron de trajinar de principio a fin, y por ello el aplauso para Johan Fano y Piero Alva. Sobre Daniel Chávez hay que decir que su inteligencia para jugar la pelota y la sencillez de su fútbol tendrán que hacerse imprescindibles en el equipo.

Sin embargo es necesario que se entienda que el equipo venezolano terminó siendo lo que su historia precisó toda la vida: pundonor y entrega, solo eso. Perú pudo originar innumerables situaciones de gol porque se le permitió tener la pelota y porque, a diferencia de lo que vinieron hablando desde que pisaron Lima, los llaneros respetaron bastante a los nacionales.

El triunfo fue de 1-0, pero pudo ser por más si en el primer tiempo se aprovechaban mejor las situaciones. No se trata de un reproche, pero sí de un vistazo a lo que ocurrió en el área venezolana.

El trabajo de la defensa peruana fue digno. Carlitos Zambrano y toda su capacidad fue suficiente para alejar el peligro, aunque todavía le cuesta ser menos evidente en sus faltas para ser un zaguero de jerarquía.

Pasó lo que tenía que pasar: Perú le ganó al rival chico en el momento que nadie creía en el equipo. Justo cuando los centavos eran las monedas más caras que podían ofrecerse por la oncena de Chemo. Ahora que la gente salió abrazada del estadio, afilada para brindar toda la noche y saboreando ya una tremenda actuación contra Argentina, no queremos que ocurra lo de toda la vida: decepcionar.

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