Por Miguel Villegas
El único que sabía ganar en el Monumental era él. Aunque hace rato le dijeron ex, Piero Alva gritó que no se ha ido. En el arco donde fue el adolescente más feliz del mundo, en ese Tricampeonato con la 'U' del 2000, Alva encontró el camino que Perú había perdido. Nadie mejor que él para festejar el gol más gritado de esta pobre Eliminatoria para la selección.
Piero Alva hizo el gol del triunfo porque en esa cancha es lo único que sabe hacer. Digo bien: en ese arco y bajo esa tribuna norte. La noche en que el defensa Rey se iba a portar como manda su apellido, el 'Zorrito' se encargó de regresarlo a su condición de central común y corriente. Le hizo un sombrero y sacó un derechazo. Una jugada imposible de un jugador imposible.
Pero vamos, esta no es la historia del crack descubierto. En ese Perú de urgencias, la aparición de Alva confirma la nueva disposición de Del Solar: tipos comprometidos antes que jugadorazos engreídos. Sin que su actuación sirva para que el Schalke pregunte por él en el Cusco, lo de Alva emociona y, mejor, contagia. Corrió Piero y corrió Prado. Corrió Alva y no se cansó jamás Chávez. Los soldados desconocidos fueron --como siempre-- los héroes de Perú. Y ese sentido, por fin, es justo darle la razón a Chemo.