Por Jaime Cordero
Los juegos olímpicos son un recordatorio periódico de lo pobre que es nuestra realidad deportiva. Tan pobre que, vista desde fuera, empieza a asemejarse al ridículo. Es bueno saber que la gloria olímpica no es patrimonio exclusivo de los países desarrollados; medallas hay para todos y países humildes logran colarse en el medallero con más frecuencia que Perú, que no se sube a un podio desde 1992.
El sentido común manda que cuatro medallas olímpicas es un saldo demasiado pobre para un país de casi 29 millones de habitantes que participa en los juegos desde 1936. Por eso una publicación como la revista "Foreign Policy" nos situó hace poco en una lista de los cinco más grandes fiascos olímpicos como país. Explicaciones para tan triste rendimiento las hay de todo tipo. Van desde la ocasional mala suerte hasta el escaso apoyo económico que el Estado le brinda al deporte --y que, por cierto, amenaza con reducirse el próximo año--. Lo cierto es que, aun concediendo un punto de razón a cada una, el medallero histórico nos señala que países más pequeños y con más problemas logran meter a deportistas en la élite mundial.
Etiopía, Kenia o Jamaica son claros ejemplos. Los dos primeros no existían en los registros olímpicos, pero rápidamente encontraron su nicho en la década del sesenta. El primero lo hizo a través del gran Abebe Bikila, quien ganara las maratones de dos juegos seguidos (Roma 1960 y Tokio 1964), permitiéndole a Etiopía ganar sus dos primeros oros.
Ahora ambos países africanos son irrefutables potencias en las competencias atléticas de fondo y medio fondo, y sus delegaciones siempre traen medallas de regreso. De hecho, las 34 que ha ganado Etiopía --un país que ha pasado por terribles períodos de sequía y hambruna, y que tiene un PBI per cápita de apenas 800 dólares al año-- se han conseguido en estas pruebas. Kenia tiene muchas más preseas (75), y de ellas, solo siete se han logrado en otro deporte: el boxeo.
Beijing 2008 ha sido el escenario de la consolidación de otra potencia atlética: Jamaica, indiscutible monarca actual de las pruebas de velocidad, no solo es la tierra de Usain Bolt y Asafa Powell. Su equipo de relevos ganó la posta 4x100 con nuevo récord mundial, y también ganó en los 100 y 200 metros en damas y obtuvieron plata en los 400 m. Todo, resultado de trabajo serio y especialización. Jamaica ganó todas sus medallas del 2008 en la pista del Estadio Nacional de Beijing.
¿Y nosotros? ¿Por qué no nos especializamos en algo?
SE BUSCA UN NICHO
Los resultados de Perú en los Panamericanos del 2007 nos dan una idea de en qué disciplinas tenemos posibilidades de hacer ruido, al menos en el ámbito continental. En Río 2007, Perú sacó una aceptable cosecha de 12 preseas. De ellas, la mitad se consiguió en deportes de combate: en lucha se obtuvieron una de plata y dos de bronce. En taekwondo, una de plata. Karate y judo consiguieron sendas preseas de bronce.
El bádminton fue el deporte que más medallas nos dio en Río: cuatro. En el deporte de la pluma, muy poco difundido en el Perú, somos potencia panamericana, aunque estamos muy lejos del nivel de los países europeos y asiáticos. En disciplinas colectivas, en cambio, clasificar a una justa internacional ya puede considerarse un logro. La única en la que podemos ser tomados en serio es el vóley femenino, en el que seguimos peleando para defender nuestro puesto de segunda potencia sudamericana, seguidos cada vez más de cerca por Argentina y Venezuela, que ya nos sacó de Beijing. Pese a ello, resultados recientes, como la alentadora actuación de la selección de menores, nos demuestran que seguimos en condiciones de dar pelea.
En el nivel olímpico, solamente los deportistas de combate lograron victorias. Sixto Barrera ganó una pelea en lucha, Carlos Zegarra hizo otro tanto en judo y Peter López llegó al quinto puesto en taekwondo. Otra prueba de que la búsqueda de una medalla para Perú es un esfuerzo individual, y bien luchado.