Por Fernando Lozano
Vivian Baella se empeñaba en ser una especie de Peter Pan femenina: en el colegio se sentía diferente por ser la más alta. Pero, aunque no le guste, esta chica de 16 años y 1,74 m no volverá a pasar desapercibida. La capitana del Perú mundialista y mejor atacante del Sudamericano de Menores seguirá creciendo, en talla y talento, no lo dude.
La encontramos ayer junto con su mamá, Jessi, y su familia en la casa de su tío en San Martín de Porres. Era un día de descanso, pero eso es un decir cuando tienes a los periodistas tocando tu puerta desde las 6:00 a.m. Ser parte del grupo de chicas que 20 años después de Seúl ha hecho a la gente ilusionarse nuevamente con el vóley trae sus consecuencias.
En medio de la entrevista, en plena avenida Perú, una anciana la reconoce y se acerca con su nieta a felicitarla. "Sigue adelante", le aconseja. Un cobrador avispado le silba desde la puerta entreabierta de la combi. Vivian sonríe avergonzada. "Me da roche", dice.
Pero la fama no le es ajena. Hace tiempo que estuvo tentándola. Quizá desde el 2006, cuando el Divino Maestro la quiso traer desde Rioja, donde nació y dio sus primeros mates desde los 9 años, para que jugara en la Liga Nacional Superior de Vóley. Antes ya había destacado en su colegio y fue 'jalada' por otro de Tarapoto. Cuando vino la primera propuesta para viajar a Lima, tenía 14 años y su mamá creyó conveniente no dejar partir tan pronto a la hija única.
La segunda oportunidad llegó con el verano del 2007, cuando a ella y a la líbero del equipo, María Fátima Acosta, también de Rioja, las convocaron para participar en el proyecto Talentos 2008 pensando en el Mundial de Menores. "Era mi oportunidad, pero lo primero que pensé era que había mejores jugadoras que yo. Si estaba al menos en la banca, ya me hubiera dado por satisfecha".
Pero el tiempo es sabio y le dio la contra. Vivian y María Fátima fueron incluidas en el equipo que participó en el Mundial de Menores disputado el año pasado en México y luego se convirtieron en las líderes naturales de esta nueva generación que ha logrado la clasificación.
COSA DE CHICAS
Desde que llegaron a Lima, Vivian, María Fátima y Diana Gonzales, de Arequipa, han vivido en una residencia de la Federación Peruana de Vóley (FPV) en La Pradera, La Molina. La secretaria de la federación, Griselda Ramírez, hacía las veces de mamá.
"Al principio me chocó estar sin mi mamá, pero luego me acostumbré. El sacrificio valió la pena", dice Vivian con inconfundible acento 'charapa'. Sus compañeras se convirtieron en su familia. "Nos divertimos, bromeamos. Clarivett Yllescas es la más 'palomilla' del grupo, y Diana es mi mejor amiga".
La capitana define la clave del éxito de este equipo. "Todas nos llevamos muy bien. Raffaella Camet y yo somos compañeras de calentamiento". Es sencilla, rápida en las respuestas como en sus reacciones sobre la cancha, y a quienes dicen que tiene cara de andar siempre triste les da la contra haciendo de la risa su defensa.
Ahora espera el llamado del técnico Hernán Artieda para empezar con los trabajos para el Sudamericano Juvenil de Bolivia que se inicia en dos semanas. Y en agosto del próximo año el Mundial, que finalmente parece que se hará en Baja California, en México. Eso es a corto plazo. A mediano, están los primeros Juegos Olímpicos Juveniles en Singapur el 2010.
Pero para eso todavía hay tiempo y mucho trabajo por delante. Nuestra mejor jugadora tiene que seguir creciendo.