Por Milagros Leiva Gálvez. Periodista
Sulaiman Al-Fahim no es un improvisado. A sus 31 años puede decir que ha estudiado todo lo que un hombre debe saber sobre finanzas e inversiones. Tiene un doctorado, un MBA y una chequera billonaria. Le llaman el 'Donald Trump de Abu Dhabi'. El joven jeque, que se jacta de almorzar con Leonardo DiCaprio para ver cómo puede ayudar a los hombres verdes, es amante de la publicidad. Y tanto le gusta la cámara que conduce un 'reality' empresarial igualito al de Trump, solo que en versión musulmana.
¿Que dónde rayos queda Abu Dhabi? Vayamos por partes. Existe un país que se llama Emiratos Árabes Unidos, muy rico, muy musulmán, muy moderno. Abu Dhabi es uno de esos emiratos. Antes de Sulaiman, era Dubái el emirato más famoso por su hotel siete estrellas (que, más que cachetada, es un patadón a la pobreza: un tecito con sanguchitos y tour incluido por el hotelito no baja de doscientos soles), por su otro hotel en forma de ola marina y porque, cuando uno aterriza en esta parte del mundo, recién conoce el significado de la palabra 'brillo'. Todo brilla: los edificios, el aeropuerto, los autos, las carreteras. Todo parece lustrado. Es tan rico Dubái que, cuando los jóvenes tuvieron ganas de patinar sobre hielo, un empresario trajo kilos de agua congelada y, ¡zas!, se hizo el milagro en el desierto gracias a la tecnología. La familia real de Abu Dhabi dormía celosa de la fama, de la prensa, del petróleo, del auge de Dubái; pero, entonces, llegó el joven y exitoso Sulaiman Al-Fahim, el jeque de barba rala y rostro de manzana, quien de un solo viaje a Hollywood dejó a todos embobados: se tomó fotos con Demi Moore para la publicidad de su inmobiliaria. Otro dato: Dubái quería comprar el Liverpool, pero siguen ofertando. Abu Dhabi ya logró hacerse del Manchester City... y todo gracias al joven hombre de negocios.
Sulaiman --hay que aclararlo-- estudió en la Universidad de Washington. Su entorno le llama 'Doctor'. Hace tres años fundó Hydra Properties, pero a los 18 años ya estaba más que remojado en los negocios de su familia. Cuando compró el Manchester City, la prensa occidental se quedó helada mientras el mundo árabe sonreía. Sulaiman, el poderoso, los tiene acostumbrados:
Primero, cuando fundó su empresa inmobiliaria, su única promesa fue ser diferente. ¿Un cliente quiere un edificio en forma de pera? ¿Y por qué no? Lo importante es soñar, creer en el deseo. Eso dice una y otra vez en entrevistas a los periodistas árabes que lo tienen como un gurú de la felicidad. ¿Quieres algo? Cree, trabaja y disfruta, repite.
Segundo, los millones de su imperio saben esperar. Sulaiman cree en el largo plazo. Ya pagó 247 millones de euros para comprar el club inglés y está decidido a desembolsar 750 para hacer del Manchester City el equipo más poderoso del planeta. Su meta es llegar al primer lugar de la liga europea. Tres años es el plazo. Al brasileño Robinho acaba de girarle un cheque de 40 millones de euros y ya ofreció 170 por las piernas de Cristiano Ronaldo. Vamos a ver si este jugador era serio cuando decía que quería jugar en el club más grande del mundo, ha dicho el jeque.
Tercero, tiene solo 31 años, es ambicioso y dice que peleará con el ruso Roman Abramovich. El dueño del Chelsea le lleva once años y tiene una fortuna incapaz de inquietarse. Según Forbes, tiene 23,5 billones de dólares.
¿Conclusión? El fútbol europeo ha dejado de ser un pasatiempo de millonarios: hoy son los billonarios quienes juegan en la cancha. Alguna vez Sulaiman quiso ser futbolista, pero como no sabía meter goles decidió quedarse con el ajedrez. Sus biógrafos dicen que su cerebro es el mejor delantero del mundo. Esperen y verán, es su advertencia.