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MARTÍN RODRÍGUEZ GAONA Y LA DIFUSIÓN DE LA POESÍA

Contacto en España

El poeta y traductor afincado en Madrid estuvo en Lima para presentar sus últimos proyectos: una traducción de John Giorno, figura clave de la renovación literaria estadounidense de los sesenta, y la edición de una antología de Luis Antonio de Villena, nombre central de la contemporaneidad poética española

Por Diego Otero

En 1997 Martín Rodríguez Gaona publicó Pista de baile, uno de los libros más potentes y audaces de la poesía peruana de las últimas décadas; un libro cuya fuerza renovadora - no solo desde lo formal, sino también desde las zonas de la experiencia que explora- aún no ha sido del todo asimilada. Al día siguiente de la publicación partió a Estados Unidos, y al poco tiempo se estableció definitivamente en España, donde se ha ido convirtiendo en una especie de punto de contacto entre la escena peninsular y la tradición poética contemporánea estadounidense, de la que es un apasionado traductor.

Rodríguez Gaona tiene una premisa: solo traduce cosas que le resultan complicadas: voces que se vuelven retos singulares, que exigen un ejercicio de lenguaje y de cosmovisión. La sabiduría de las brujas (DVD, 2008), de John Giorno, es el segundo libro que ha publicado como traductor. Antes trabajó en Pirografía, la primera gran antología de John Ashbery en nuestro idioma, y pronto terminará El descenso de Allette, de Alice Notley. "A mí lo que me interesa de la traducción es abrir perspectivas sobre lo que se entiende por poesía. Mostrar brechas o posibilidades".

Resulta sorprendente que antes de Pirografía no existiera un solo libro de John Ashbery en el mercado español, que es el más importante de la lengua, teniendo en cuenta que se trata de uno de los poetas más importantes del mundo en la actualidad. Algo similar sucede con Giorno.
-Hay un desfase en la poesía española con respecto a otras literaturas. Ese desfase es producto del cierre del franquismo, en cierto sentido, pero también de las condiciones estrictamente comerciales que ha asumido la cultura en España en los últimos tiempos. Lo interesante, sin embargo, es que los poetas más jóvenes han ido quebrando este desfase, y han generado un marco de referencias más amplio.

Giorno es un nombre importante en el panorama de las letras estadounidenses porque entre otras cosas acercó la oralidad a la poesía. ¿En qué consistió ese acercamiento?
-Para Giorno la poesía no está restringida a lo textual; exploró diversos formatos y se terminó decantando por lo performativo porque era el medio que más libertad creativa le daba. Lo que él quería era romper la barrera de la comunicación escrita, y que de ese modo la poesía llegase más directamente a quienes pudiese interesar. Él fue un pionero en ese sentido. Y su obra está enmarcada en ese registro.

Sus poemas (en Youtube se puede encontrar extraordinarios documentos de sus performances) suelen estar construidos sobre versos o estrofas que se repiten.
-En sus performances él intenta producir una conmoción profunda en el oyente; una conmoción asociada a la exploración del inconsciente. Esa es una de las razones por las que recurre a las repeticiones, que son un mecanismo que proviene de la canción. A Giorno le interesa lo popular, pero también experiencias vinculadas a una búsqueda de la iluminación. En él confluyen plenamente asuntos de la cultura occidental y del mundo no occidental.

EL POEMA ES UN ACTO DEL CUERPO
Con la aparición, a inicios de los setenta, de la antología Nueve novísimos, la poesía española realiza un quiebre radical. Nombres como Gimferrer, Panero o Azúa intentan volver a conectar con el legado de la Generación del 27: hacen referencia a los modernistas anglosajones, al surrealismo, a Artaud. Con el tiempo, sin embargo, esta nueva senda fue perdiendo potencia; volviéndose retórica. Hasta que apareció Luis Antonio de Villena. Según Rodríguez Gaona, que fue recomendado por el propio Villena para realizar el prólogo y la selección de Honor de los vencidos (ese es el nombre de la antología), a ese culturalismo "Villena le pone el cuerpo; le pone calle, deseo, sangre. Y lo hace recreando el mundo clásico como una plataforma para hablar del erotismo homosexual, que termina convirtiéndose en metáfora de otras marginalidades, de otras exclusiones: económicas, sociales, etcétera". A continuación, un poema de Honor de los vencidos.

La vida escandalosa de Luis Antonio de Villena
¿Y qué puedo decir? ¿Asentir? ¿Negarlo?
He bajado las escaleras que he bajado
(muy en penumbra, a menudo), me he tendido
con los cuerpos que han sido -con esos precisamente-
aunque no, desde luego, con cuantos he deseado.
Con la vista me voy, sin evitar atajos,
A los lugares aquellos que no sospecha nadie.
A ciertas horas no se llame a mi teléfono;
donde voy aquel rato no lo nombro al amigo
-ese que tiene casa y mujer y empleo asegurado-.
Lo que bebo en tu copa (he hablado de ti
todo el poema) lo adjetivo para que no se entienda.
Lo que hago contigo lo niega mi faz por la mañana.
Por la esquina maleva paso, embozado, muchas noches.
¿Asentir? ¿Negar? Sé bien que se murmura. Pero yo
no hago caso. (Y no se escandalicen los prudentes).
Que toda vida que se vive plena es vida para el escándalo.

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