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AMAZÓNICO SOY. EL DOCUMENTAL DE JOSÉ MARÍA SALCEDO

En busca del sentir verde

ACABA DE ESTRENAR UN FRESCO CINEMATOGRÁFICO SOBRE LA IDIOSINCRASIA DE LOS POBLADORES DE LA SELVA. EVALÚA SEGUIR CON SU PELÍCULA SOBRE LA LUCHA DEL PUEBLO ASHÁNINKA CONTRA SENDERO

Por David Hidalgo Vega

Chema Salcedo recuesta su imaginación sobre paisajes selváticos. Hace años planea filmar la historia de una rebelión indígena en tiempos del terror. En el camino se le ha cruzado un grupo de personajes modelados por su Amazonía. El documental que estrenó hace unos días en Iquitos es una suma de voces alegres, dramáticas, pícaras o profundas. Se confirma una racha: el verde que fascina a tantos cineastas también ha impuesto sobre él su temperatura. "Amazónico soy" es un título que más parece una proclama.

Comienza a hacer algo que siempre quiso: cine. ¿Qué etapa es esta en su carrera?
No sé. La sensación de ver estas imágenes en una sala oscura, con gente sentada en las butacas, es un poco intimidante. Yo vi el estreno parado detrás del público. Y me preguntaba qué estarían pensando. Me decía: "Uy, no se ríen. No han entendido lo que estoy diciendo". En un momento salieron dos, una mujer con un niñito, y pensé que empezaba la estampida. En realidad se iban al baño. Entonces, la sensación que tenía era la de entrar en un terreno que no controlaba, que no conocía.

Un debut en toda la palabra.
Un debut casi juvenil, con la incertidumbre por saber si me iba a poder comunicar con el público.

¿Y qué notó?
En la primera función todo el mundo me felicitaba, pero eso no me permite decir que así va a ser. Luego fui a una radio. Y llamó un tipo al que solo le habían gustado dos personajes: Raúl Vásquez, el famoso monstruo de la canción, que hace años ganó el Festival de Trujillo con el tema "La plañidera", y Huerequeque, un actor que trabajó con Werner Herzog en la película "Fitzcarraldo", en los años ochenta. Era un tipo cincuentón a quien los otros personajes no le decían mucho. También hay ese tipo de reacción.

¿Cómo maneja las críticas?
Con los años me he vuelto tolerante. La libertad de opinión consiste en que yo no abuse del micrófono, aunque me dejen mal parado.

¿La selección de las historias fue suya por completo?
Sí. Todos los años vengo acá, como a otras ciudades, para un especial de RPP que se llama "Nuestra tierra". En enero del año pasado entrevisté a Luis González Polar, conocido como 'Puchín'. Este señor dirige La Restinga, una asociación civil que trabaja con niños en situación de riesgo. Me pareció fascinante lo que me contaba y dije: "Esto es un peliculón". En enero regresé por acá y Jaime Vásquez, el productor, me dijo: "Lo hacemos". Comenzamos a filmar en marzo. En la historia algunos chicos de La Restinga se reparten los personajes: uno se encarga de entrevistar a Huerequeque, otro a Nico, un minusválido que se gana la vida bailando. Otro de los chicos, que es pintor, entrevista a varios artistas, como Christian Bendayán.

¿Cómo le dio sentido a todo?
Esta historia me permitió hacerme preguntas: ¿Qué hace que un sujeto que no tiene brazos ni piernas se gane la vida bailando? ¿Qué motiva a la gente a actuar de determinada forma? Quizás la lucha contra la adversidad es una clave para entender el ser amazónico. En el fondo, sigo siendo un reportero. Quizás lo que me interesa es sorprender al espectador, sobre todo a la gente que tiene una caricatura de la Amazonía peruana. Un detalle fue mostrar que estos chicos tienen elocuencia muy particular. Es una especie de barroco, muy humorístico y oral. ¿De dónde nace ese repentismo?

Tiene una atracción especial por la selva. Su otro proyecto también está ambientado allí.
Es un proyecto sobre los asháninkas en la selva central, en la época de Sendero. Una vez en Puerto Ocopa, en Junín, me enteré de una serie de historias de los asháninkas que se rebelaron contra Sendero. Y conocí a una serie de personas extraordinarias. Una de ellas es el padre Castillo, que ha inventado una virgen con rasgos nativos y su cushma. Y conozco a Santiago Contoricón, teniente alcalde de Satipo, que es un héroe cívico de su nación, el que reorganizó el ejército asháninka. Y al padre Mariano Gañón, de Cutivireni, quien protagonizó el éxodo de las comunidades nativas en avioneta y luego vino a Lima para contrabandear armas para las comunidades. Allí hay una gran historia que merece ser contada. He filmado algunas escenas para buscar financiamiento, pero por mucho tiempo no lo he conseguido. Según como vaya esto, seguiré.

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