4Róger Santiváñez
LABRANDA
Hipocampo editores & Asaltoalcielo Lima, 2008 80 pp.
Este libro es la confirmación de una obra significativamente distinta en un poeta que desde hace algunos títulos atrás ya había abandonado el verso callejero, el pulso del rock'n roll y la imagen lumpen para refugiarse en la oscuridad, la desazón, el cerrado universo interior. Que el presente volumen, además, esté escrito en tercetos o cuartetos, aunque con libertad en el verso, es otro de los signos de que el Santiváñez que tenemos al frente es uno modificado del que nos distrajo con su iconoclastia de Kloaka. Si de hacer manifiestos se tratara, sus viejos contertulios podrían acusarlo de traición. Nosotros, sin embargo, no llegamos a tanto.
El poeta es otro y, por eso, incanjeable con su figura pasada. La poetización que ahora desarrolla Santiváñez es una donde el autor recorta al máximo la estructura de la oración, su hablar se ha vuelto barroco y, aunque sigue nombrando a Lima, Piura, la calle y usando cierta jerga limeña, su decir ya es otro, uno muy distinto. La poética es minimalista y ha oscurecido: "Vagancia callejera absurda juguetona / Se alegra de súbito ante impoluta forma / Felina tersa piel tan blanca al sol" (Jazmín). ¿Debemos leer estos versos, por ejemplo, como una autocrítica? Sería impreciso afirmarlo, pero hay algo de eso.
Como se ve, los guiños a la lejana calle que todavía mantiene su poesía son el hilo que lo ata a su poética anterior, los cuales se conservan solo como un referente. Lo que ahora luce el poeta es una realidad interior desmembrada que se agrupa imagen a imagen y que se sostiene por una respiración acezante, entrecortada. Su poesía ha ganado en reflexión pero se ha alejado del latido que antes lucía, de ese beat que lo emparentaba al pulso de la ciudad.
Santiváñez, en este volumen, nos reta a que lo leamos en una vida distinta. Debemos hacerlo así.
(Enrique Sánchez Hernani)
4Carlos López Degregori
EL HILO NEGRO
Borrador editores Lima, 2008 96 pp.
El hábito de escribir prosas poéticas no es nuevo y sin embargo siempre se presta para el descubrimiento en manos de un poeta diestro. Y si a esa destreza se la añade una sólida imaginería metafórica, el resultado es todo un portento. Esta es la impresión que nos llevamos de leer este pequeño volumen de poesía donde López Degregori ha reunido algunas de sus más bellas prosas poéticas. Dueño del lenguaje más particular de la generación de poetas que se hizo espacio a reglón seguido de la del 70, pero antes de la del 80, este valioso bardo peruano nos lleva a sus regiones más transparentes.
Aunque los textos aquí reunidos ya habían aparecido en otros libros previos, la reunión se presta para cotejarlos uno junto al otro. Los 25 textos, siendo primordiales, hallan sus cumbres en aquellos momentos en los que el autor circunda el tema del amor y la pasión. Precisamente, el texto que le da nombre al libro es toda una belleza, como lo son "La piedra en la cabeza" ("Lo primero es la pasión. Repetir el amor hasta destrozarnos en el cuarto y después dejar que la oscuridad nos adormezca.") o "Bala" ("Tengo esta bala de helada plata para ti. / Anoche la preparé con sucia, infalible, dulce sangre.").
¿De dónde obtiene López Degregori esa poderosa imaginería? Creemos que del brillo puro de la poesía sin compromiso con ninguna otra cosa. Su pasión es la metáfora por sí misma, pero engarzada a un personaje. Tal como dice en otro de sus textos: ""Tiendo a poetizar, a creer en lo que no existe". Ese distanciamiento de la realidad, a la cual se mantiene atado por la palabra decantada, es lo que le da fulgor. Alabado.
(Enrique Sánchez Hernani)
4Juan Carlos de la Fuente
LAS BARCAS QUE SE DESPIDEN DEL SOL
Tranvía editores
La búsqueda estética de Las barcas que se despiden del sol es inusual en nuestra escena literaria. Se trata de un poemario que recurre a un lirismo depurado y transparente para trazar el bosquejo de una historia afectiva. Entre el magisterio del estilo oriental (el haiku y los clásicos chinos) y una versificación de tono menor, contenida y de aire melancólico (deudora, quizás, de Ungaretti y Quasimodo), Juan Carlos de la Fuente ha conseguido llevar los alcances de Declaración de ausencia, su primer libro, a otros territorios expresivos: más escuetos, más cargados de poder simbólico, menos narrativos. "espérame en tu historia (cuando ya no estés allí)", dice. Los poemas de Las barcas que se despiden del sol no llevan título ni plantean un hilo argumental, pero a través de los elementos que conjugan -el agua, el movimiento, los peces, las barcas, la naturaleza- se despliega una atmósfera de vocación clásica. "tiemblan mis manos / o el espejo / tiemba // cae el espejo / y mis manos / se rompen". En Las barcas que se despiden del sol hay una disposición reflexiva que es saludable, y que evita que los poemas se estanquen en la figura vacía. Vale.
(D.O.)