Esta novela de sigiloso éxito editorial -tres ediciones desde que ganara el Premio Nacional de Novela de la U. F. Villarreal en el 2003- ha tenido comentarios sugerentemente coincidentes por parte de un escritor y polémico ensayista, y de un crítico periodístico afín a él. Ambos han coincidido en resaltar el carácter "carnavalesco" y "picaresco" del tratamiento erótico en ella. Eso es cierto solo en términos comparativos -ya conocemos las grandes limitaciones del tema erótico en la narrativa indigenista peruana-, pues en realidad la novela carece casi completamente de episodios donde se narren encuentros sexuales con el detenimiento y el desenfado que parecen sugerir aquellos epítetos, y que permitirían equipararla con propuestas narrativas similares fuera de nuestro país.
Si bien es evidente desde las primeras páginas la intención del autor de entregar una interpolación de historias (y voces) que se entrelazan hasta anudarse por completo hacia el final, rasgo obviamente faulkneriano, me parece más fino el paralelo con una gran novela como Gran sertón: veredas, de Joao Guimaraes Rosas, donde la riqueza del lenguaje y la sinuosidad de los tiempos y las voces en su aparición y desaparición parecen haber sido bien asimiladas por Julián Pérez. Y no debe desecharse la impronta del gran Julio Ramón Ribeyro, sobre todo en la caracterización de las relaciones entre jóvenes urbanos de provincia.
Si bien la novela está compuesta de al menos dos historias y exhibe una lograda polifonía de voces narrativas, resulta claro que el propósito principal de Mañuco Chiwaco, el narrador, es contar "su" historia sobre Grimaldo Medina (reconocido por Miguel Gutiérrez como el masacrador y cuentista Hildebrando Pérez Huarancca, sindicado como el dirigente de la execrable matanza de Lucanamarca perpetrada por Sendero Luminoso), su hermano mayor y suerte de clave existencial sobre sí mismo y su pueblo.
Retablo, con algunos sobresaltos, conserva durante sus primeros tres cuartos un carácter polisémico y simbólico; pero al final se convierte en una suerte de exposición de motivos o explicación histórica -nunca una justificación, la verdad sea dicha- sobre las fuerzas que se conjugaron para que la referida ignominia contra el pueblo ayacuchano se diera. Si con ello el autor intenta "explicar" o revisar lo determinado por la CVR sobre Lucanamarca (y aceptado como eufemístico y cobarde "exceso" por el criminal Guzmán Reinoso) quedará en su conciencia, aunque no pase de ser un empeño fútil.
Lo que me parece mucho más importante que las torpes intenciones ideológicas que pueda haber habido, es el logro lingüístico y estético que cosecha Pérez: un español híbrido dúctil para incorporar las voces quechuas; moderada riqueza psicológica de los personajes (algo celebrado e hipostasiado casi con los mismos términos por los comentaristas citados), y grandes momentos de belleza poética que evidencian gran conocimiento de ciertas zonas de la sierra ayacuchana. Sin embargo, el manejo magro de los diálogos juega en contra de esta novela innecesariamente sobrevalorada por sus críticos afines, aun cuando sus logros estéticos arrojan a todas vistas un balance general ligeramente positivo.
(Víctor Coral)
NARRATIVA
4Como los verdaderos héroes
Este libro, ópera prima del escritor huancavelicano Percy Galindo, viene con el auspicio de haber ganado la primera Bienal Internacional de Novela Copé 2007. Se trata de una historia dividida en dos partes claramente diferenciadas. La primera es contada a partir de la voz del protagonista, un hombre que llega a Huancavelica, "el lugar más alejado de Lima", huyendo de un amor. Después de deambular por la ciudad el forastero ocupa sus días en averiguar los detalles de la salvaje muerte de una mujer, Adelguisa Ñahui, acuchillada por su propia hija, y que los lugareños identifican como un acto del demonio, y en desarrollar un delirante programa radial, dedicado a difundir la literatura y el jazz, llamado El Club de la Serpiente. Las dos historias, la del protagonista y la de Adelguisa, se mezclan en el transcurso de la novela. En esta primera parte el libro alcanza sus mejores momentos, buenos diálogos y un manejo interesante de la intriga. Pero en la segunda mitad, esto se rompe al transformar la historia en un coro de voces que dan su versión sobre el asesinato de la mujer, las pesquisas y las conjeturas planteadas en la primera parte. Entonces, en esta pretensión estilística, algunos relatos aparecen mejor construidos que otros. Otro detalle: uno rápidamente intuye que la historia que va leyendo es la misma que el protagonista escribe por las noches en su solitario hospedaje, mientras bebe de una botella de licor. Esto le resta sorpresa al argumento. Sin embargo, el libro mantiene el interés hasta el final y ofrece un acertado retrato de la Huancavelica actual, sin caer en el regionalismo ni en la superficialidad. (JPL)