Por Guillermo Niño de Guzmán
Isaac León Frías debe de ser el peruano que más películas ha visto en el mundo. Más aún, su cinefilia resulta admirable por cuanto excluye la visión de videos. De ahí sus constantes esfuerzos por asistir a festivales y muestras internacionales, sus "vacaciones cinematográficas" que cada año lo llevaban a París (¡el paraíso de los cinéfilos!), donde podía ver tres o cuatro cintas por jornada, desde clásicos hasta las producciones más recientes. Esta intensa dedicación le ha permitido mantenerse al día y contar con una erudición muy rara entre nosotros, a la que debe sumarse su vocación por el análisis y la reflexión. Sin duda, sus escritos sobresalen por la apertura y coherencia de un acercamiento al fenómeno cinematográfico en el que confluyen, con suma naturalidad, el rigor de una mirada crítica y el deleite que conlleva la experiencia de la ilusión.
Cabe advertir que Grandes ilusiones no está constituido por una recopilación de críticas, sino por un conjunto de ensayos escritos a lo largo de los últimos veinte años. Su espectro temático es muy variado, lo que queda corroborado por el subtítulo del volumen: De Eisenstein a la neo-comedia romántica. Una vertiente se caracteriza por explorar el legado de algunos cineastas claves como el artífice de El acorazado Potemkin, John Ford y Jean Renoir (un sugestivo paralelo), Orson Welles y Stanley Kubrick; asimismo, se revisa la trayectoria de Fassbinder, Mijalkov, Almodóvar, Kiarostami, Ripstein y Aristaraín. La otra vertiente está conformada por observaciones sobre los lazos entre el cine y el conocimiento histórico, la hiperviolencia en las películas norteamericanas contemporáneas, la reformulación de algunos géneros como la comedia romántica y el western, y el itinerario del cine militante latinoamericano en los años sesenta y setenta.
Aunque el autor no se haya propuesto configurar un libro orgánico, los textos escogidos revelan una manera inconfundible de ver, sentir e irradiar el cine. En ese sentido, León Frías es un crítico ecléctico, atento y curioso, siempre perspicaz; un crítico que evita la rigidez académica y privilegia la claridad expositiva porque nunca olvida que, más allá de la agudeza de sus juicios, su trabajo consiste en establecer un diálogo con el lector y potenciar su capacidad como espectador. Grandes ilusiones confirma que el ejercicio de la crítica de cine supone mucho más que una tarea intelectual. Ante todo, es la reiteración de un acto de pasión.