Por Mariella Balbi
Vaya barullo el que se ha armado con los gastos operativos de los congresistas. La suma es de 7.500 soles y sirve para las actividades propias de la función, no forma parte del sueldo y tampoco es imponible.
Se debe rendir cuenta del 30% del total, pero la primera mesa del Congreso durante este gobierno elevó la temida rendición a 90%. Muchos parlamentarios dijeron y dicen que esa disposición era impracticable, que nunca se cumplió y que era ilegal. Por eso, recientemente, se reafirmaron en justificar solo el 30% de estos criticados gastos. Hasta ahí los hechos.
Algunos se han remontado al origen de este perverso sistema, otros plantean soluciones como que se pague impuestos por los 7.500 soles y quedan 'parche' con los reclamos ciudadanos. También están quienes proponen anexar al sueldo este dinero y de paso viene una suba del salario congresal.
Preguntamos a un congresista --a quien no vamos a identificar y que puede ser varón o dama-- sobre el por qué de la resistencia parlamentaria para afrontar tan delicado tema. El argumento brindado fue: "Tú eres honesto (a) --de verdad lo es--, cuelga en tu página web tus gastos, ganas en prestigio y enseñas a trabajar de manera transparente a tus colegas". Pero volviendo a la reacción del amigo (a) congresista abordado. Contestó: "Estás loca, se armaría cada lío. Si invito a alguien al restaurante tal (omitimos el nombre del sabroso y prestigiado lugar) y lo publico, me linchan. Ni hablar".
"Pero el restaurante lo tienes que asumir con tu billete", replicamos, alegando que no se elige a un padre o madre de la patria para tales menesteres. Él (o ella) argumentó que si iba con su equipo a provincias y le pagaba el almuerzo, también habría lío. Lo cierto es que la levantisca y a veces exagerada crítica ciudadana lo aterraba. Por eso proponía que fuera un monto imponible: "Muerto el perro, muerta la rabia". Siempre es válido y legítimo preguntarse si al pagar impuestos ya no debemos saber qué hacen los parlamentarios con el dinero de todos los peruanos que cumplimos puntualmente con la Sunat.
Claro está que el glotón congresista suspendido Anaya no falsificaría facturas de pollos a la brasa. Pero tranquilamente se los podría comer a cuenta de los gastos operativos. Aunque aceptamos que es un poco persecutorio, es necesario saber a qué se dedican los congresistas cuando no están en la curul o en las comisiones. Un parlamentario sostuvo que esta actitud fiscalizadora implica que no se tiene confianza en ellos. ¡Cómo hasta ahora no se ha dado cuenta! Con más de 20 congresistas pillos o pilletes, enamorados o protectores de la familia y otras perlas, es bastante para desconfiar de todos. Eso sembraron, eso cosecharon.
No se comprende por qué no resolvieron este espinoso tema hace un buen tiempo, primando la inoperatividad o la conveniencia. Ahora bien, esta necesaria discusión no puede ser la carnada ideal para quienes quisieran disolver el Congreso, como lo hizo el fujimorismo. Con pollos a la brasa, nepotismo o no, es una institución indispensable para la democracia.