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El camino del deporte

Rincón del autor. El deporte permite escenas que no se ven en otras actividades sociales. Invita a que las personas se despojen de sus roles establecidos y se conozcan profundamente

Por Abelardo Sánchez León

La aparición de los jóvenes deportistas Raffaella Camet y Aldo Corzo ha motivado diversos comentarios de índole sociológica. Los periodistas deportivos están desconcertados con el itinerario La Molina, colegio Santa María, club Regatas, club Alianza Lima que ha emprendido el joven lateral Aldo Corzo. Igual desconcierto ha motivado el recorrido La Molina, colegio Roosevelt, selección de vóley que ha iniciado Raffaella Camet. ¿Se trata de un camino exótico? ¿Es un sendero oscuro que los aleja de su medio social? ¿El único camino válido será el de Solano: Muni, Cristal, Boca, Newcastle? Quien estaría feliz con este trayecto es, sin duda, el recordado educador Constantino Carvallo, pues ante tanta fragmentación social a él le gustaba que los peruanos estuviésemos juntos y revueltos. No es cosa fácil. El Estado no lo fomenta. Y la sociedad se ha organizado de tal manera que cada quien habita en su específica parcela.

Si alguna virtud tiene el deporte es que une a la gente. Sin el vóley es muy difícil que Lucha Fuentes hubiese sido amiga de Norma Velarde o que Gina Torrealva lo sea de Natalia Málaga. Los Tres Gatitos estaban más unidos que el trío Los Panchos. Roberto Chale era pata de Perico León. La dupla Zorrito Aguirre y Juan Diego González Vigil imita al gran referente Nene Cubillas y Cholo Sotil. Alfredo Tomasini, aquel 9 del Alianza, era alumno del Markham y murió en el grotesco mar de Ventanilla. El deporte ha impedido que nos balcanicemos y ha reemplazado la idea del mestizaje por el de la tolerancia de las diferencias, siempre y cuando convivan, se conozcan, se inviten a sus casas, a sus matrimonios, se enamoren y asuman responsabilidades colectivas.

Debemos agradecer la unión que existe entre Raffaella Camet y Clarivet Illescas, tanto dentro y fuera de la cancha, así como la aparición de dos extremos tan distintos socialmente como son Aldo Corzo y Jeickson Reyes. El deporte permite escenas que no se ven en otras actividades sociales. De alguna manera, y así desearía que fuera, invita a que las personas se despojen de sus roles establecidos y se conozcan profundamente.

El mismo Constantino Carvallo reflexionaba en esa dirección. ¡Cómo es posible, decía, que les exijan a los jugadores negros una entrega total cuando los maltratan en los lugares públicos! Eso no le pasa a Lionel Messi, por ejemplo. Eso no le sucede, así de fácil, a un argentino. Por eso cuando ellos se ponen la albiceleste saben perfectamente que representan a un país que no los margina y dejan en el campo alma, corazón y vida. A Raffaella y a Aldo la tribuna los vitorea como una manera de darle la bienvenida a un país que desea construirse con una base más ancha, más democrática, más generosa.

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