Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

¿Qué partidos podrían aspirar a un ISO 9001?

Por: Juan Paredes Castro |

Si el Jurado Nacional de Elecciones ha logrado merecidamente una certificación internacional de calidad, expresada en un ISO 9001:2000, ¿por qué los partidos políticos peruanos no tendrían que tener la obligación de cumplir con un alto requisito como este?

Claro que ante la situación de descrédito por la que actualmente pasan, la hipótesis aquí expuesta podría parecer una broma de mal gusto o una sugerencia impertinente.

Ocurre, sin embargo, que no hay democracia posible sin partidos, como tampoco ejercicio eficiente y probo del poder que no esté fundado en partidos capaces de hacer de la calidad de su organización, de sus cuadros y de su servicio a sus electores, un ejemplo de confianza pública.

Estamos hablando en este caso del ideal de contar con una democracia y con partidos reales. No con una democracia ni con partidos de fórmula.

De ahí que hablar de un ISO 9001:2000 como meta de un partido político en el Perú sería como pedir peras al olmo. Solo que no es tarde para que ello pueda ser una posibilidad viable, en la medida que el Congreso y los propios partidos tengan la voluntad política de cambiar algunas reglas propias y de emprender el cambio que los acerque al votante y hagan que el votante empiece a creer en ellos como intermediarios legítimos entre el poder y la sociedad.

Por lo pronto el Apra, el PPC, Solidaridad y hasta el Partido Nacionalista podrían mirar hacia su interior y ver si están en condiciones de cumplir con altos estándares de organización, eficiencia y administración de cuadros. Cualquiera de ellos tiene el camino abierto hacia un ISO 9001:2000. No es un camino fácil ni regalado. Tendrá que recorrerlo como lo ha recorrido el JNE. Lo triste sería quedarse en el partidor. Y más triste todavía no tener la menor chance de asumir el reto.

El JNE tiene la elevada exigencia de ser garante jurisdiccional de procesos electorales que concluyen con importantes delegaciones de poder y por consiguiente su estándar de calidad tiene que ser de los más óptimos y su nivel de confiabilidad pública de los más depurados.

Los partidos políticos no tendrían que quedarse atrás, pues ellos encarnan, a través de sus candidaturas y propuestas, una suerte decisiva de delegación de poder, desde la parlamentaria hasta la presidencial. Y la delegación de poder, generada por el voto popular, se traduce finalmente en el ejercicio concreto del poder, ejercicio que a su vez termina beneficiando o afectando a la sociedad según cómo plasme su grado de eficiencia o ineficiencia, entre otras cosas.

Ante exigencias tan severas no hay manera de pensar a futuro en los partidos sin vincularlos a los requisitos de un ISO 9001:2000.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook