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CORRESPONSAL DEL DECANO

Ricardo Palma y su vocación periodística

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

La primera vez que apareció en El Comercio el nombre de Ricardo Palma no decía Ricardo. Era el 24 de enero de 1848 y en la abigarrada (para los ojos del lector de hoy) sección Comunicados se publicaba una notita que destacaba los exámenes brillantes que unos mozuelos de 15 años habían dado en el Colegio Preparatorio de don Antonio Orengo. Los firmantes como "Los Padres" destacaban la punzante inteligencia de "los jóvenes D. Enrique Alvarado, en Religión y Latín; D. Manuel Palma, en Matemáticas, Contabilidad y Nociones de Economía Política".

"Manuel" era el primer nombre que figura en la partida de bautismo de quien sería el autor de las hiperfamosas "Tradiciones peruanas"; y así uno de los hombres de letras más renombrados del siglo XIX en el Perú debutaba a la luz pública en este Diario con una mención a su talento para los números.

Este dato lo recuerda Aurelio Miró Quesada en su introducción al libro "Ricardo Palma. Corresponsal de El Comercio", en el cual el historiador Héctor López Martínez recopiló las correspondencias que enviaba don Ricardo cuando viajó a España...

Pero esos históricos artículos empezaron en 1892. Volvamos al Palma adolescente de 1848. César Miró descubrió aquí, en un margen, su primer poema publicado --de dos octavas reales-- firmado como "Manuel Ricardo Palma", que empezaba así:

¿Por qué mi alma conmueve la campana / Que toca ¡ay! con funeral sonido?/ ¿Por qué en tan bella y divinal mañana / Lloro yo con dolor desconocido?

Estaba dedicada "a la memoria de la Sra. Petronila Romero". Y no pasaría mucho tiempo para que el 25 de noviembre de ese mismo año publicara una elegía "A la memoria del Jeneralisimo D. Agustín Gamarra".

Un año después, a los 16 años, Palma ya era comediógrafo y, es más, tenía admiradores. En su libro "Páginas sobre Ricardo Palma", el historiador Oswaldo Holguín encontró en El Comercio, el miércoles 28 de noviembre de 1849, un pequeño aviso firmado por anónimos: "Varios Abonados", que consignaba el primer halago público de su naciente carrera literaria: "Sabemos que se han escrito en esta capital dos dramas patrióticos en verso, titulados 'El Barquero y el virrey', por el señor Corpancho, y 'El Hijo del Sol', por el señor Palma. Deseamos que se representen... honrándose así con producciones patrióticas y nacionales los días de gloria para el Perú".

El 20 de junio de 1851, por su drama "La hermana del verdugo", "el estudioso joven Palma" recibió en El Comercio su primera crítica teatral alentadora: "La fluidez de la versificación, la lozanía de los diálogos, el fácil desarrollo de un argumento... contribuyó a que después del último acto fuese el autor llamado a la escena en medio de entusiastas aplausos".

Y aquí también fueron sus primeras polémicas cuando fue criticado por su obra "Rodil". El 14 de enero de 1852 respondió en la sección Comunicados: "No he tenido... la vanidad de creer que podía escribir un drama histórico... He juzgado conveniente decir esto, para acallar un pequeño rumor que ha llegado hasta mí". Según analiza don Aurelio Miró Quesada: "aplaudido o no, se convenció de que le faltaban dotes de dramaturgo (...) Si las producciones juveniles de Palma tuvieron tan buena acogida en El Comercio, a pesar de sus inevitables deficiencias formales, es de suponer con qué agrado serían recibidas cuando alcanzó su madurez y encontró su camino verdadero. Hubo solo algunos tropiezos en el camino, como el incidente, del que nadie se quiso acordar después, cuando Palma anduvo en la política militante, como secretario particular del presidente Balta; o, más tarde, alguna ligereza verbal dentro de la aguda tensión de los espíritus provocada por la guerra con Chile. Pero la amistad fue siempre firme". Cuando regresó de su exilio en Chile, El Comercio lo llamó: "joven de nobles y generosos sentimientos", el 28 de octubre de 1862.

LA POLÉMICA TRADICIÓN
El historiador Oswaldo Holguín hace un excelente resumen de su tempestuosa carrera periodística: "Palma ejerció el periodismo de oposición durante los años 1858-1862, 1866-1868, 1872-1879 y 1881-1883, vale decir cuando gobernaron el Perú los generales Ramón Castilla y Mariano Ignacio Prado, los civiles Manuel Pardo y Francisco García Calderón y el contralmirante Lizardo Montero. En cambio, fue 'periodista ministerial' bajo las administraciones del general José Rufino Echenique, del mariscal Miguel de San Román, del general Juan Antonio Pezet y, fundamentalmente, del coronel José Balta, del civil Nicolás de Piérola y del general Miguel Iglesias. Después de la Guerra del Pacífico, convertido en director y restaurador de hecho de la Biblioteca Nacional, supo con cautela dejar de lado casi todo periodismo combativo".

Palma escribió en publicaciones como "El Diablo", "El Correo Peruano", "El Intérprete del Pueblo", "El Mensajero", "El Heraldo de Lima", "El Liberal", "El Constitucional", "La Patria".

Cuando empezó a ser el "eximio tradicionista" (bautizado así en El Comercio del 7 de setiembre de 1876), inició su relación con la parte literaria de este Diario. Y en estas páginas se celebró con unción dos años después su nombramiento como académico correspondiente de la Real Academia Española. Y se apoyó su posterior labor como el segundo fundador de la Biblioteca Nacional. Él lo agradecería: "Es labor de la prensa de Lima y principalmente del decano Comercio cuya propaganda en pro de la Biblioteca fue tenaz".

En 1892, cuando el Gobierno Español invitó a los países hispanoamericanos para "celebrar el IV Centenario del Descubrimiento de América" y el Perú nombró como delegado a Palma, El Comercio vio la inmejorable oportunidad de que su colaborador estrella fuera también su corresponsal estelar. Su primera correspondencia se publicó el jueves 1 de diciembre de 1892, titulada "El Centenario en España". Fueron seis crónicas, donde como analiza Aurelio Miró Quesada se preveía la polémica sobre la visión "eurocentrista".

La última se publicó el 2 de enero de 1893 con el anuncio externo: "La Real Academia ha consagrado sus dos últimas sesiones a discutir el dictamen de la comisión de Diccionario sobre algunos neologismos de uso general en el Perú". Por esto, luego de las celebraciones de ese centenario, Palma se dedicó a dirimir el uso de los americanismos. El 28 de abril de 1893 se publicó su artículo donde informaba: "La Academia Española ha declarado, después de una larga discusión, que el adjetivo incásico, tan usado en el Perú, es de formación impropia, y no puede ser considerado en el Diccionario de la Lengua (...) El adjetivo correcto... es incaico". A su regreso al Perú, trayendo 1.500 libros para la Biblioteca Nacional, Palma inició otra vez una serie de artículos sobre sus "Recuerdos de España".

En 1899 terminan sus colaboraciones con el decano, pero nueve años después escribió --solidificando para siempre un riguroso afecto-- la tradición del padre Urías: ese agustino que se ufanaba de estar escribiendo la gran historia del Perú y quien cuando sus amigos le pedían que mostrara la obra, él señalaba un baúl, que solo podrían abrir luego de su muerte.

Cuando falleció, sus amigos se apresuraron a destapar lo que parecía ser el cofre del tesoro histórico y, como cuenta Palma, encontraron una colección de "¡El Comercio, El Comercio, esa es la historia del Perú!".

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