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Ahora, ¡a rogar por la confianza!

Por: Juan Paredes Castro |

No sabemos cuán milagroso pueda ser el plan de salvataje del sistema financiero internacional, pero revela un elemento clave de resistencia de la crisis: el de la confianza, ya no solo en las reservas monetarias, sino en las reservas institucionales de decisión política.

La boya salvadora de más de 700 mil millones de dólares arrojada dramáticamente en los últimos días por el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en medio del pánico mundial, se inscribe, sin duda, dentro de esta hipótesis.

Si estas reservas hubieran existido en 1929 probablemente no se hubiera llegado a la gran depresión de entonces. Y tampoco por supuesto a sus efectos políticos y sociales desencadenantes, entre ellos el fortalecimiento de ideas y movimiento totalitarios como el nazismo.

Estamos hablando por supuesto de reservas institucionales de decisión política, es decir de las que quedan en el nivel de confianza vigente, porque ni el gobierno ni el Estado estadounidenses pueden rehuir la cuota de desgaste y responsabilidad que les corresponde en la crisis, ya sea porque alimentaron equivocadas expectativas sobre el manejo de tasas e instrumentos financieros que se desbordaron o porque descuidaron el ejercicio de controles y regulaciones en un mercado altamente especulativo.

Llevada la tesis de la confianza al más amplio espectro mundial, diremos, coincidiendo con respetables panelistas convocados a la Mesa Redonda de El Comercio sobre el tema, cuyas conclusiones se publican en esta edición, que uno de los principales y vitales soportes a los que tienen que echar mano gobiernos y estados frente a la crisis financiera internacional es precisamente la confianza en las reservas institucionales de decisión política.

Más allá de lo que vaya a pasar con el modelo capitalista, con el mercado abierto, con la propia globalización en la que estamos fuertemente insertos y con los mecanismos de regulación seriamente golpeados, el manejo de la confianza y la credibilidad en las decisiones políticas determinará la habilidad de gobernantes y operadores financieros para no caer en una depresión como la de 1929.

Si ya estamos sufriendo el comienzo de un derrumbe financiero cuyas consecuencias no están aún medidas en toda su dimensión, evitemos el siguiente, que puede ser mucho más desastroso: el derrumbe de la confianza y la credibilidad.

Son dos palabras que, con todo lo que encierran, valen más de 700 mil millones de dólares.

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