Por Juan Zegarra
La sentenciosa frase presidencial de que el "Perú es un pueblo libre de la crisis financiera" suena más a buenos deseos que a una predicción basada en cálculos recientes. Es cierto que debe dar mensajes de confianza para evitar cualquier sobrerreacción o pánico en el sistema, pero tampoco que salte al extremo como para describir que estamos en el edén. De ningún modo somos un tanque Sherman que cruzará el circuito globalizado con un blindaje que lo haga inmune a los bombazos que ya replican en distintas partes. Habrá efectos y se sentirán, porque en este mundo interconectado también hay una distribución de los errores financieros de Wall Street. El punto radica en que esas consecuencias serán mucho mayores para unos que para otros y dependerán del grado de conexión del país con ese mundo, así como de sus mecanismos de defensa.
Por eso, más que triunfalismos lo que hacen falta son discursos equilibrados que definan ante qué estamos y qué haremos.
Para comenzar, la expresión del mandatario puede sonar como ironía cruel en los oídos de los industriales, especialmente los del rubro textil, porque este será uno de los sectores que más sienta el golpe de la recesión estadounidense. Incluso, nuestras exportaciones en general, que en el gobierno del ex presidente Alejandro Toledo se triplicaron, no continuarían en su fase expansiva. Los precios de los metales bajarán y con ello el ingreso fiscal. Si hay algún consenso entre los economistas es que la crisis financiera sí producirá efectos en el Perú aunque no saben en qué proporciones. Ni ellos ni el mago Melquíades pueden predecir, sea para bien o para mal, cuán intensa será la tormenta.
En ese contexto, llama la atención que en la semana en que se definía el rescate financiero en Estados Unidos, el jefe de Estado haya hablado con esa sobredosis de confianza. Eso no ha sucedido con sus pares de Colombia y Chile, que comentaron con más prudencia que la situación merece ciertas medidas preventivas.
Aun más, en estos últimos siete días, el Banco Central de Reserva ha tomado medidas que reflejan la necesidad de actuar. En principio, salió al mercado para vender en cuatro operaciones un total de 971 millones de dólares. Además, bajó el encaje para que los bancos pudieran disponer automáticamente de 100 millones de dólares. Una tercera acción es que de forma inusual tanto por los plazos como por el monto, colocó repos (contratos de recompra que suavizan los cambios temporales en la oferta monetaria) por tres mil millones de soles por una semana y por mil millones de soles por 14 días. El objetivo era garantizar la liquidez al sistema, dada la reticencia y desconfianza frente a lo que pasará.
Por cierto, ante este cambio operado en apenas un par de meses, las recetas que hace poco dictaban algunos como fiables, hoy están en franca revisión. Por ejemplo, la discusión giraba en torno al posible calentamiento de nuestra economía porque el crecimiento a ritmos de 9% o 10% podría degenerar en efectos inflacionarios y excesos de consumo. Sin embargo, ahora el debate se centra en este riesgo de enfriamiento de la economía debido a la desaceleración del crecimiento, como consecuencia de la crisis.
En este punto, es lógico que más de una empresa esté revisando sus planes de inversión y mida su consumo. Ahora resta esperar qué hará el Ministerio de Economía y hasta qué punto resultará pertinente el plan del ministro Luis Valdivieso de "modular el gasto público" en momentos en que el sector privado está tan estremecido que probablemente no arriesgará hasta que le pase la conmoción.