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UNA PERSPECTIVA DE LA CRISIS FINANCIERA

La amenaza del crack del 29

Por Gonzalo Rojas Samanez. Analista

Más de uno ha dicho que la presente crisis es más grave que la de 1929. Ello es una exageración puesto que el crack, hasta el momento, se circunscribe al ámbito de las altas finanzas, no se ha convertido en una Gran Depresión (las importaciones estadounidenses pasaron de US$4,4 millones en el año 29 a US$1,5 en el año 32, las exportaciones bajaron de US$5,4 a US$2,1, el comercio mundial se redujo a la mitad en cuatro años, en resumen: el dinero se evaporó de las cuentas y de los bolsillos de la gente, eso es crack lo de ahora no llega a la categoría de click todavía, felizmente). ¿Cuántos ejecutivos 'vegan', 'ecofriendly', corbata verde perico, audífono incrustado en la oreja, Iphone al cinto, se han arrojado por las ventanas del Lehman Building la semana pasada?

En el año 29 no existía el fenómeno de una China convertida en potencia económica gracias a dirigentes comunistas más capitalistas que Adam Smith, tampoco una Comunidad Europea poderosa, tigres asiáticos, empresarios latinoamericanos exportando algo que no fuera bananas, ni globalización, ni Internet, para citar unos cuantos detalles insignificantes. Al contrario, lo que había era imperios coloniales que se desmoronaban, EE.UU. que le prestaba a medio mundo menos a una Unión Soviética bastante estaliniana y económicamente autárquica, una Europa agitada y empobrecida que recién se recuperaba de la Gran Guerra, una América Latina de estancias, enclaves... Era otro planeta. ¿Bajo qué criterio puede decirse que lo de hoy es peor?

En Alemania, por ejemplo, si bien como secuela de la guerra la economía se había ido en picada con una inflación desbocada y los Acuerdos de Versalles habían establecido indemnizaciones millonarias obligando a un endeudamiento asfixiante, cuando precisamente la cosa comenzaba a mejorar con los socialdemócratas al timón de la República de Weimar y el nazismo en retirada, el crack del 29 cae como un golpe demoledor para la economía y catapulta la polarización entre comunistas y nazis, licuando en el camino a los poco avisados moderados. Luego será inevitable la ascensión de Hitler al poder en 1933, el Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, los 50 millones de muertos, la pesadilla... Se explica que Chávez y todos los amantes de la guerra no quepan en sus uniformes, de puro contentos, para ellos el sueño dorado puede hacerse realidad.

Con todo y los republicanos estatizando la banca y los demócratas apostando por un corporativismo baratieri parece fatal que el péndulo se mueva aquí hacia una exacerbación de los nacionalismos con recaída en el populismo, el incremento del gasto público y la subsecuente búsqueda de alguien que devuelva el orden en especial si ocurre (como en los años 30 con Hoover y Roosevelt) que los políticos, tratando de parchar lo que no hicieron o hicieron mal antes del crack, solo consigan empeorar las cosas. Algo que les sale con una facilidad pasmosa.

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