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UN PERIODISMO FORJADOR DE DEMOCRACIA

60 años de prensa en el Perú

Por Arturo Salazar Larraín. Periodista

En 1948 el periodismo se ejercía en el Perú más como una afición que como una profesión. Luego, cuando empresa y trabajo tomaron sus propios caminos, se empezó a considerar el periodismo más como un oficio que como una profesión. Pero ejercer un oficio es simplemente un hacer cosas, en tanto que ejercer una profesión, como dice el diccionario, es "ejercer algo como devoción, continuidad e inclinación voluntaria". El periodismo exige esa devoción e inclinación porque es creación humana, como la que más. Sin embargo, el periodismo debe su desarrollo al matrimonio de intereses que se celebró entre la empresa, el oficio y la profesión.

En 1948 ni el país ni su prensa eran aceptables: el uno porque estaba bajo una férrea dictadura militar; y la otra (la prensa) porque no tenía cobertura y dedicaba sus páginas más a la literatura política que a las noticias.

El periodismo no se historia; se vive. Y se vive en función de lo que ese periodismo puede dar y ofrecer a una sociedad desinformada, sin libertad y sin instituciones democráticas. El periodismo es instrumento de transformación solo cuando es libre y cuando, por ello mismo, es capaz de crear entre los ciudadanos hábitos de libertad e instituciones maduras y responsables. ¡Era necesario instalarlo en el Perú!

La información en general --y la información periodística en particular-- es en toda sociedad civil el engranaje que hace funcionar las relaciones económicas, políticas, sociales y personales. Con la reforma periodística que impulsó Pedro G. Beltrán en 1950 comenzamos a instalar ese engranaje.

Buen número de los reclutados para esa revolución periodística fueron estudiantes universitarios de Derecho y Letras de San Marcos. La primera cosecha se recogió tras cinco años de periodismo objetivo, aumento de cobertura y credibilidad de "La Prensa". Se produjo así --debido a la fuerza de la opinión pública-el fin de la dictadura militar de 1948, la derogatoria de la Ley de Seguridad Interior de la República, la modificación del Estatuto Electoral y la amnistía política de 1955.

Sobrevino luego, en 1968, la contrarrevolución informativa del gobierno militar encabezado por Juan Velasco Alvarado y, por la falacia de decir entonces que la libertad de prensa no existe porque es solo la libertad de las empresas, se impuso la desinformación o, peor aun, la información dirigida que a la larga pesa negativamente más en el desarrollo social de los pueblos.

Entre 1968 y 1980 no se produjo aumento alguno ni en el número de diarios ni en el de las radioemisoras y televisoras. Se había congelado la comunicación entre los peruanos.

La contrarreforma informativa duró 12 años y fue acompañada por una implacable persecución policial, clausuras, confiscaciones, ocupación de locales gremiales, despidos masivos de periodistas, atropellos y deportaciones. Fue el precio de la libertad de prensa que todo periodista debe estar dispuesto a pagar.

Vivimos ahora una era en la que la información ha penetrado todos los ámbitos de nuestra vida. El desarrollo de la información no prospera sin libertad de prensa y esta sin libertad de empresa. Por eso no es exagerado asegurar que, de haberse extendido la contrarrevolución informativa represiva, habríamos congelado, por la sinrazón ideológica, el desarrollo social del Perú.

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