Finalmente se impuso la cordura y la Comisión Europea aceptó el pedido del Perú y Colombia para negociar un tratado comercial de manera bilateral, fuera del corsé que significaba hacerlo con la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
No podía ser de otra manera, ante el ciego bloqueo que sigue planteando Bolivia a dicha posibilidad en el foro andino, donde cada vez es más evidente la brecha ideológica que separa a sus miembros, que imposibilita una estrategia comercial unificada, como inicialmente solicitaba la Unión Europea.
Así, por un lado los gobiernos del Perú y de Colombia se adhieren a los principios de economía social de mercado, libertad y competencia, mientras por el otro lado el régimen de Evo Morales y, a su manera, el de Rafael Correa en Ecuador promueven el nacionalismo estatista y populista, con marcada tendencia autoritaria; es decir, la concentración del poder vía la reelección inmediata del presidente.
Además, la intransigencia de Morales ha llegado hasta niveles inamistosos con nuestro país, pues rechazó hasta el final la modificación de la Decisión 486, aprobada en mayoría por la CAN, lo cual era una condición indispensable para implementar nuestro TLC con Estados Unidos.
Ahora se espera que la iniciativa de negociación bilateral sea ratificada próximamente por el Parlamento Europeo, tras lo cual el Perú tendría el camino expedito para seguir abriéndose a nuevos mercados mediante tratados bilaterales, por ejemplo con China y otros países. Ello dentro de una política de apertura que es la más conveniente para promover y colocar nuestras exportaciones, crear empleo sostenidamente y consolidarnos en la ruta al desarrollo.
En cuanto a la Comunidad Andina de Naciones, como lo hemos reiterado antes, ha probado ser ineficaz para la integración comercial, por lo que debía quedar como un foro político o como un interlocutor para alcanzar acuerdos de asociación y colaboración con otros bloques como la misma Unión Europea. Ello, sobre todo, en la medida en que los procesos de integración constituyen una tendencia mundial que a futuro redefiniría los bloques económicos, políticos, sociales y culturales que se están formando a consecuencia de los cambios ocurridos en los últimos 30 años.