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CARTA DEL DIRECTOR

Contra la corrupción: Por una cultura en valores

Por Francisco Miró Quesada Rada

Ética, del griego ethos, y moral, del latín mores, significan lo mismo:  costumbre.  Debe ello interpretarse como buena costumbre.  En consecuencia, si somos personas libres y autónomamente responsables por nuestros actos, nuestra conducta debe estar de acuerdo con los valores que predicamos.

Empecemos recordando las palabras del filósofo alemán Emmanuel Kant, quien decía: "Solo las cosas tienen precio, los hombres tienen dignidad".   Ser digno  significa estar por encima de las cosas que como el poder y el dinero pueden corrompernos.  Ambos no son ni buenos ni malos, lo que sucede es que las condiciones para que aumente la corrupción se dan cuando privilegiamos el poder y  el dinero sobre los valores, como la ya mencionada  dignidad, la verdad, la justicia, la libertad, la paz, el honor, la solidaridad y el amor al prójimo, porque el que ama a los otros no les hace daño, se pone a su servicio respetando su dignidad.

Por ello debemos construir una sociedad basada en los valores, no a partir del poder y del dinero, una sociedad en la que lo espiritual y lo racional primen sobre lo material.  Si hacemos todo lo contrario, seremos prisioneros de las bajas pasiones, y cuando se generalice estaremos contribuyendo a construir una "cultura de la corrupción". A partir de los condenables hechos de corrupción recientes, creemos  que la gran mayoría de peruanos no somos corruptos, sino  honestos y transparentes que nos sentimos indignadísimos, dolidos y moralmente golpeados con el 'affaire' Quimper-León Alegría, en el que se encuentran involucradas otras personas, sobre quienes debe caer todo el peso de la ley.  Si sentimos vergüenza, vamos bien, estamos por el buen camino.

Se ha sostenido que la corrupción es suprasistémica, existe en cualquier sistema político y económico, pero cuidado con esta generalización, porque lo que no se dice es que la corrupción en una dictadura y en una democracia se encuentra en distinta situación, mientras que en la primera es casi imposible denunciar hechos de corrupción, en la segunda, gracias a que existe prensa libre, se puede denunciar, pero también porque en una democracia predominan la transparencia y la participación.    ¿Sabía usted que en sociedades democráticas, que son transparentes y participativas, ha disminuido la corrupción? Por ello los peruanos debemos defender nuestra democracia por más defectuosa que sea, entonces, mejorarla, para que funcione la fiscalización de las instituciones creadas contra la corrupción, la vigilancia del pueblo y el importante rol de los medios de comunicación, que tienen el deber de defender la dignidad y el honor de los peruanos. 

Cambiemos la cultura de la sensualidad del poder y del dinero por una cultura de la dignidad, empecemos un rearme moral y sigamos combatiendo con todas nuestras fuerzas cualquier forma de corrupción desde el Estado y entre lobbies organizados para delinquir, porque la corrupción es una dinámica feroz y destructiva que se enquista en la vida pública y la privada.

¡Qué sabios fueron los romanos cuando nos dijeron que no hay que mezclar los asuntos públicos con los privados! El pueblo peruano está por encima de cualquier forma y modalidad de corrupción.

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