Por Fernando Vivas
Tal fue el éxito inmediato y la viada de "Bailando por un sueño" que uno esperaba tres o cuatro temporadas. Pero la novedad cansa pronto, sobre todo si se pone en escena en un canal decadente como Panamericana.
No ha terminado su año de la resurrección, pero GV (iniciales del superyó de Gisela Valcárcel y de su productora de televisión) ya ha hecho tratos con América (Canal 4) para lanzar en el 2009 "Cantando por un sueño", el formato primo hermano del bailongo. El 2008 cerrará en el 5 con "Los reyes de la pista" que juntará a los ganadores contracturados y policontusos del par de temporadas previas.
¿Por qué cansa? Porque además del inevitable agotamiento de la curiosidad, "Bailando..." no ha podido siquiera empatar en estrellas a su primera entrega. Actrices y actores que no están en las primeras planas han tenido que ocupar, además de su espacio natural, el que estaba reservado para periodistas, animadores y figuras de otras ámbitos que hubiesen amplificado el eco del programa. Gisela, además, ha arrastrado otras fallas de principio que se negó a corregir o corrigió a medias: su zalamería de 'todo me gusta', la sobresaturación de publicidad interna, sus deficiencias a la hora de la entrevista en vivo.
Por todas estas razones, la segunda temporada de "Bailando..." está recurriendo, tanto o más que la primera, a promocionarse armando o magnificando las tensiones de la competencia, aunque afecten la credibilidad del concurso. Solo así me explico que den rienda suelta a las broncas entre el jurado Carlos Cacho, el más endeble y arbitrario, y cualquiera de los sentenciados picones. Esa ligereza de juicio impide que se dramaticen y prestigien, como en otros concursos (vean si no cómo "Latin American Idol" promociona a su jurado), los momentos en que cada pareja exhausta espera el veredicto de cada cual. Ojalá que el cambio de formato y de canal mejore juicios y recursos.