PUNTO DE VISTA
Por Dr. Hugo Dias Velarde. Jefe del área médica de ARIE*
Los trastornos del espectro autista (TEA) no son raros, por el contrario, tienen más incidencia en la población pediátrica que otras enfermedades como el cáncer, la diabetes e incluso la espina bífida. La estadística más citada es que el autismo ocurre en 4,5 de cada 10.000 niños nacidos vivos y existe una proporción tradicional de cuatro a uno en niños y niñas.
Los síntomas están siempre presentes antes de los 3 años y la detección e identificación precoz son cruciales para mejorar el pronóstico de los niños con autismo, especialmente en los primeros años de vida.
Una intervención temprana e intensiva en un marco educativo óptimo conduce a una mejoría, que incluye el lenguaje en un 75% o más, y significativos incrementos en las tasas de rendimiento intelectual.
Debe prestar especial atención si observa que su bebe no balbucea a los 12 meses, si no dice palabras simples a los 16 meses o no emite frases espontáneas de dos palabras a los 24 meses.
Estas manifestaciones no son exclusivamente del TEA, pero deben ser tomadas en cuenta para un diagnóstico temprano.
También se debe acudir al especialista si su niño no responde cuando es llamado por su nombre, no mira a los ojos cuando se le habla o está desinteresado por los juguetes que se le muestran.
Existen algunas preguntas básicas que todo padre de familia con hijos pequeños debe tener presente para descartar la enfermedad: ¿Su hijo disfruta y se involucra en juegos como saltar sobre sus rodillas para jugar al caballito? ¿Se interesa por otros niños? ¿Simula con los objetos y usa cosas con imaginación? ¿Su pequeño señala con el dedo índice para pedir o llamar la atención sobre algo? ¿Sabe su hijo jugar adecuadamente con juguetes pequeños y no solo llevárselos a la boca, manosearlos, tirarlos o golpearlos? Tenga estas preguntas en cuenta.
* ASOCIACIÓN PARA LA REHABILITACIÓN DEL INFANTIL EXCEPCIONAL