Por Beatriz Boza
En un país donde cuatro de cada diez peruanos son pobres y uno de cada cinco no puede solventar ni siquiera la canasta básica de alimentos del hogar, la agenda social es vital para la sostenibilidad del país. Destinamos 43% del presupuesto público a temas sociales, esto es 8% del PBI según la Cepal (2005) frente a 15% que en promedio destina Latinoamérica. Claramente, eso no es suficiente para la ardua tarea que tenemos como sociedad, más aun si nos comparamos con Chile (13% del PBI) y con Costa Rica (18%). Con razón, el flamante primer ministro ha anunciado que pondrá énfasis en los programas sociales. ¿Qué prioridad le hemos venido dando a la lucha contra la pobreza? ¿Cuánto invertimos como sociedad en los programas sociales? ¿Son eficaces las medidas que estamos implementando?
La preocupación por la efectividad de la gestión social ha ocupado un lugar importante en la agenda política nacional. Así, en un esfuerzo por conocer y ordenar la gestión social del Estado, se identificaron 82 programas sociales desarticulados, muchos de los cuales duplicaban esfuerzos y en conjunto presentaban importantes vacíos. Para evitar filtraciones, duplicidades y subcobertura, en marzo del 2007 se reestructuró la acción social del Poder Ejecutivo en torno a 26 programas. Pero desde entonces, se vienen creando nuevas iniciativas ad hoc como Mi Hogar del fondo Mivivienda (marzo 2007), la entrega directa de alimentos liderada por el Ministerio de la Mujer (abril 2008), el programa Agro Rural (mayo 2008), y de compensaciones agrarias, entre otros. ¿Qué hacer?
Para comenzar, debemos entender que el problema es uno de gestión, que la pobreza no se combate por decreto ni con la billetera, pues de poco sirven las transferencias condicionadas directas a las familias pobres si junto al camión del banco que llega a repartirlas se crea un mercado de electrodomésticos a crédito; o si no contamos con un registro único eficaz de beneficiarios y un sistema de seguimiento, como lo tiene Chile o Costa Rica, para monitorear la eficacia de la acción del Estado y corregir lo que fuere necesario. En lugar de crear más programas coyunturales toca estudiar por qué no funcionan los existentes, qué casos de éxito existen y cómo replicarlos --porque en el Perú sí hay muchas experiencias exitosas. Basta revisar las 130 Buenas Prácticas en Gestión Pública de este año.