Frente al crítico panorama financiero, el papel del empresariado nacional y transnacional con inversiones en el Perú tiene un lugar relevante. Ellos deben estar en la primera línea de batalla para atenuar los efectos de la desaceleración económica.
Lo cierto es que será su fuerza productiva, y no la del Estado, la que asegure dinamismo económico y mayores puestos de trabajo para más peruanos.
Así, si bien es prudente que ensayen políticas de austeridad frente a un incierto 2009, esto no debe significar que apelen al simplista ejercicio de aplazar nuevos proyectos empresariales. No basta el efecto inercial del actual crecimiento sino que debe ser sustentado por más apuestas privadas para hacer sostenible nuestro salto al desarrollo.
Es una cuestión de coherencia y confianza. En los últimos siete años, los inversionistas y las empresas han logrado amplios márgenes de rentabilidad, no solo gracias a los buenos precios de los metales sino también a las políticas de Estado que favorecen y fomentan la inversión. Hoy no pueden perder ese ímpetu ni guardar su capital hasta que pase el temporal. Eso sería tener una visión cortoplacista, egoísta y carente de liderazgo y compromiso con el Perú.
La edición 46 de la Conferencia Anual de Ejecutivos (CADE 2008) tiene por eslogan "El momento es de primera, no juguemos en segunda". Sin embargo, con el traumático cambio en el mundo este escenario ha quedado invertido y bien podemos pedirle a los empresarios: "El momento es de segunda, pero hay que jugar como en primera". Es decir, animarlos decididamente a que no estén a la defensiva, sino que vayan a la ofensiva, a producir más y mejor hacia la conquista de mercados.
Los líderes de los gremios empresariales y los más conocidos hombres de empresa, que en muchos casos prefieren estar distantes de las cámaras, esta vez deben salir a dar la cara para transmitir su compromiso público de que arriesgarán en situaciones tan difíciles. Esa afirmación de confianza en el Perú los honrará aún más frente a la sociedad y creará un mejor clima de inversión.
En pocas palabras, juguemos para lo mejor, pero preparándonos para lo peor. Esta situación de emergencia internacional, que pasa por un tema de credibilidad en el mercado, servirá para confirmar el grado de madurez de nuestro empresariado.
Más adelante, las cifras dirán si es que la generación del 2000 forjó un sector empresarial maduro y con reflejos o, en caso contrario, si la crisis financiera sirvió para dejarnos el retrato de un empresario apático y timorato que solo apuesta por el país en los buenos tiempos.
Es el momento de apostar por el Perú. Como decía Vallejo: "Hay, hermanos, mucho por hacer"