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La estrategia de nunca rendirse

La doctora brasileña Vera Cordeiro estaba cansada de ver que los niños pobres recaían en el hospital donde trabajaba. Ella creó una red para romper el círculo vicioso de la enfermedad. Su elogiada metodología podría aplicarse en el Perú.

Por David Hidalgo Vega

En pocas personas se percibe con sentido tan humanitario una frase como esta: "Tratamos de convertir a los miserables en pobres". Cuando Vera Cordeiro la pronuncia, la reacción del oyente suele ser de sorpresa, seguida de admiración. Para entonces ya debe estar claro que esta doctora brasileña trabaja en el nicho de los últimos desposeídos, que ha entregado años a recuperar familias que otros considerarían irrecuperables, que su método para asegurar la salud de niños pobres se ha convertido en otra revolución social nacida en las covachas del Tercer Mundo. Entonces aquella frase revela un evangelio humanitario: "Los miserables no tienen nada, los pobres al menos tienen dignidad", precisa.

Cordeiro habla desde su propia erudición en angustias. Debe haber escuchado más de diez mil historias amargas. En el hospital donde trabajaba, en Río de Janeiro, era frecuente ver niños que regresaban una y otra vez por enfermedades que recrudecían al ser devueltos a casa, o lo que debía serlo en las favelas más turbulentas de la ciudad. Había niños con neumonía, tuberculosis e incluso leptopirosis, una enfermedad producida por el contacto con orina de ratas. "Llegó un momento en que no lo pude soportar", recuerda.

Dos historias colmaron su resistencia. La primera fue la de un niño al que los doctores debían amputar una mano. Ella tenía que preparar a la familia para lo que se venía. En la conversación, la madre le contó que no tenía ni para comer, mucho menos para cuidar al pequeño. El otro caso fue el de un niño con cáncer al riñón. La madre vivía con otros nueve hijos en casa de unos parientes pobres. "En cierto momento la señora me pidió un abrigo, porque el chico estaba resfriado y si no lo tapaba el médico le impediría seguir con la quimioterapia". Cordeiro, nacida en un hogar de clase media acomodada, terminó por sublevarse.

Entonces empezó a reunir voluntades entre médicos y enfermeras. Una tarde de octubre de 1991 congregó a medio centenar en un parque cerca de su casa y realizó el acto fundacional: rifó un juego de sábanas bordadas por su madre. Los cien dólares recaudados le sirvieron para la creación de la Asociación Saúde Criança Renascer, un grupo que trataría cada caso más allá del tema clínico. Al principio, eso suponía reunirse cada noche para conseguir donaciones de medicinas, pero también de latas de leche y otros alimentos.

Vera se obsesionó con la cruzada. Su propia estabilidad familiar fue alterada por esa entrega. "Empecé a vender cosas de mi casa. Si veía un par de zapatillas me decía: 'Con esto saco unas bolsas más de leche'. Mi familia debía pensar que yo me drogaba o algo", bromea. Sus dos hijas se hartaron. Su esposo llegó a decirle que él podía mantener una familia, pero no a 250. Ella siguió con su esfuerzo.

El equipo desarrolló un sistema basado en atender la situación de la madres de manera personal. "Los objetivos podían incluir poner un tejado, modificar la dieta de un niño, adquirir el hábito de hervir agua, conseguir una cama para un niño u obtener la documentación necesaria para ser candidato a ayudas del Gobierno", explica el periodista David Bornstein en el libro "Cómo cambiar el mundo: los emprendedores sociales y las nuevas ideas", que dedica todo un capítulo al trabajo de Vera Cordeiro en Brasil. El proceso también consideraba facilitar a la madre una carrera técnica para mantenerse. Algunas pusieron peluquerías de barrio y otros pequeños negocios. El efecto fue mayor que el de cualquier plan gubernamental: en los primeros seis años --entre 1991 y 1997-- el número de reingresos de niños al hospital se redujo en 60%.

Cuando la asociación empezó a tener sus primeros resultados positivos, llegaron más obstáculos: los asistentes sociales del hospital se quejaron de que los miembros de Renascer estaban invadiendo su terreno profesional. A causa de eso, la asociación tuvo que abandonar la pequeña oficina que ocupaba entonces. "Tuvimos que instalarnos en lo que había sido un establo", recuerda la fundadora. Se trataba del recinto abandonado de una caballeriza, un local de paredes destartaladas y techos con goteras por el que nadie daba un centavo, pero que estaba muy cerca del hospital, en el parque de una zona residencial.

Allí empezó otra lucha. "Los vecinos acomodados de los alrededores no querían ver a un montón de pobres en su zona y quisieron sacarnos", señala. Incluso presentaron una demanda para que el lugar fuera desalojado. Vera tuvo que apelar al caudal que le ha salvado la vida en más de una ocasión: sus contactos. Uno tras otro, entre los vaivenes del proceso, la fueron conectando hasta que llegó al entonces presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso. "Su esposa, la primera dama, lloró al conocer nuestro trabajo", recuerda. Un decreto del mandatario sobre el régimen de espacios públicos dejó sin piso la demanda.

Cordeiro valora más que nada la solidaridad que ha despertado su causa. Buena parte se debe al apoyo de Ashoka, una red internacional de emprendedores sociales que le ha facilitado contactos inimaginables para una organización nacida de la nada. El más trascendental fue el que tuvo con la consultora McKinsey, una de las más importantes del mundo. Ella lo considera "una revolución". Gracias a su aporte, Renascer aprendió a presentar proyectos de envergadura. Durante meses, hombres de traje y corbata --ejecutivos de la consultora-- visitaron la organización para conocer su funcionamiento y mejorarlo. "Nos regalaron cinco mil horas de consultoría", destaca Vera.

El salto fue exponencial. Ahora Renascer ha replicado su experiencia en 23 hospitales de todo Brasil, con cerca de 25 mil beneficiarios. En un tiempo más, el sistema se aplicará en un sector del Bronx, en Nueva York. "Será la primera salida al exterior. Sería interesante aplicarlo en el Perú", comenta. Es una franquicia necesaria. La infalible estrategia de nunca rendirse.

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