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ANÁLISIS ECONÓMICO

A la búsqueda de la legitimidad perdida

Por Juan Zegarra

Uno de los propósitos de la última CADE era escarbar en las mentes empresariales cuánta disposición había para engancharse con un rol social que implique más allá de lo lírico un compromiso con grandes metas como la educación y cuán preparados estaban para enfrentar los retos de hacer negocio en un mundo globalizado e hipercompetitivo.

Difícil medir hasta qué punto asimilaron la lección o variaron ciertos paradigmas. De hecho, en la primera jornada el sentido crítico empresarial estuvo ausente y lo que más se escuchó fueron los cañonazos verbales de Roque Benavides, empresario minero, que calificaba de simple 'complejo' esta actitud de discutir porque la sociedad no ve con buenos ojos a los empresarios. Dada su constante presencia en estas reuniones, su voz es parte de un coro empresarial que representa a un ala renuente a la crítica y suponemos ensimismada en la rentabilidad de sus negocios.

Sin embargo, la CADE no fue solo eso. Uno de los discurso más interesantes fue el de José Chlimper, empresario agroexportador y recordado por esa frase camorrista de querer acabar con una huelga portuaria a punta de pistoletazos. En esta ocasión su mensaje esbozó un pedido para articular la responsabilidad empresarial y mejorar la percepción ciudadana. Su ejemplo fue que si una empresa moviliza 70 camiones por una pista y levanta polvo frente a una ciudad, el deber empresarial es mitigarlo. Más atrevida aún resultó su propuesta de promover un decálogo empresarial y que los gremios tengan el suficiente coraje para expulsar de sus filas a los malos empresarios.

De algún modo, esta CADE intentó inyectar en los ánimos empresariales no solo su legítimo --y ganancioso para el país-- objetivo de hacer crecer sus negocios sino también que con el mismo espíritu emprendedor y creativo salgan a la caza de la legitimidad social. Es fácil deducir tras conversar con muchos de los ejecutivos y empresarios que asistieron a la CADE que si hay algo que les preocupa más que los coletazos de la crisis financiera internacional es que en pocos años este convulso clima social sirva para catapultar al poder político una fórmula autoritaria y antiempresarial.

Como dijo el sociólogo Julio Cotler, estas manifestaciones que vemos en provincias indican que no estamos haciendo nuestro trabajo todos y que habrá gente dispuesta a botarnos de la mesa.

Una tarea muy concreta y altamente rentable para el país es que sumen esfuerzos en la cruzada a favor de una mejora de la calidad educativa. Su experiencia como buenos gestores y manejo de recursos humanos puede ser el elemento clave para apalancar el esfuerzo estatal para salir de los humillantes índices educativos.

La otra tarea en la que son parte de la solución es en la lucha contra la corrupción. Como se dijo, la meta es hacer que la corrupción sea un mal negocio. Es de Perogrullo que la ecuación de la coima es que hay un funcionario venal porque detrás existe una persona que con dinero lubrica las decisiones estatales en provecho de los intereses de su empresa. Los gremios empresariales además de descalificar esas prácticas deben ayudar a identificar a esos truhanes encorbatados.

Al menos las tareas están plenamente identificadas y el tiempo dirá si esta CADE fue una de aquellas en la que se habló mucho pero se hizo poco, o una señal de cambio en la mayoría del sector empresarial. Para empezar ya es un avance que surja de los propios empresarios este sentido autocrítico y como buenos hombres de acción, ahora resta verlos en la construcción de ese nuevo molde empresarial.

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