Ni la muerte de su hermana Noemí, con quien cantó por más de 60 años, ni la natural disminución de su agudeza visual y de sus facultades físicas, ni tampoco los cinco delincuentes que la asaltaron en su hogar, han borrado la alegría que refleja Graciela Polo en su sonrisa y en su mirada.
El viernes, el Día de la Canción Criolla, fue un día de sentimientos encontrados para ella. Después de diez años, no deja de recordar la partida de su hermana, pero tampoco de sentirse nuevamente feliz con los recuerdos de lo vivido y cantado con Las Limeñitas que se le vinieron a la mente y al corazón.
Aunque se siente sola sin su hermana, ha logrado superar ese dolor y ha vuelto a dibujar en su rostro esa sonrisa que aún sigue encandilando. Es que ella no se deja abatir y puede vencer la depresión, un mal contra el que deben dar batalla los adultos mayores, como ella lo recomienda.
Al morir su hermana en 1998 ella decidió no volver a cantar. Sin embargo, no ha podido dejar de hacerlo, pues son muchas las personas que siempre le piden que entone alguna canción.
Como no ve mucha televisión, porque no ve bien, Graciela no se pierde los programas radiales de música criolla. Y la música no solo la alegra, por la melodía o las letras de las canciones, sino también por los recuerdos que le trae cada uno de los temas que aún escucha en las radios.