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CUANDO EL FÚTBOL BUSCÓ A LA POLÍTICA

¿Dónde está la intervención?

Por Conrado Surber Devoto. Ingeniero

La crisis cuasi terminal que agobia al fútbol nacional y preocupa legítimamente a toda la afición tiene un principal responsable institucional y ético: Manuel Burga Seoane, presidente de la FPF. Demasiadas las maniobras realizadas por Burga desde el 'delfinato' para atornillarse en el cargo el tiempo necesario para mutar en funcionario internacional FIFA, su única meta genuina: desde desacatos al sistema legal peruano --específicamente la inhabilitación impuesta por la Comisión de Justicia del IPD el 2006 por no adecuar el estatuto de la FPF a la Ley del Deporte--, hasta manejos de las inoperantes ligas departamentales para reelegirse írritamente el 2007.

Amén de ello, Burga contribuyó a envilecer políticamente el fútbol al permitir que cuestionados dirigentes de clubes --González, Silva, Mallqui-- utilicen sus bases deportivas para catapultarse al Congreso de la República... y ¡oh maravilla! Silva y Mallqui terminan siendo designados por Burga para integrar la fracasada Comisión Sudáfrica 2010. De hecho, ello constituye una flagrante intervención del fútbol en la política, y así como la FIFA reiteradamente clama en todo el planeta porque gobiernos, tribunales y legisladores no se inmiscuyan en el fútbol, en virtud a un principio de equidad y ética igualmente debería vetar que la FPF se involucre en la política nacional.

Que Burga Seoane ha buscado cobijo bajo el actual gobierno se refleja en su pertenencia al Consejo Directivo de la Sunass en representación del Ministerio de Economía y Finanzas (¿?), obviamente gracias a sus conexiones partidarias con el Apra por el lado materno. Un adicional cuestionamiento ético a elevarse a la FIFA sería: ¿Qué hace un dirigente deportivo del más alto nivel en el directorio de una empresa pública totalmente ajena al deporte? ¿No conllevaría ello una suerte de intervención del fútbol peruano --vía su presidente-- en temas del Gobierno Nacional? Así, la afición podrá igualmente explicarse el actual caos institucional, y que la FPF carezca de un plan estratégico coherente para un desarrollo estructurado del fútbol, ya que su máximo responsable se dedica a otras funciones y a viajar, y solo de modo marginal a su misión fundamental.

Bajo la actual amenaza de la FIFA, de suspender y luego desafiliar a la FPF, y vista la vergonzosa claudicación de la ADFP, no cabría posiblemente otro camino efectivo sino que el IPD acuda de inmediato --asesorado por un bufete especializado de abogados suizos-- a la Comisión de Ética de la FIFA, planteando que se ventilen los clamorosos déficit éticos de Burga y su entorno, y que dicha comisión propicie ante la secretaría general de la FIFA un cambio radical de la FPF, asimismo, bajo la filosofía universal del fair play. Tal comisión está presidida por el deportista Sebastián Coe, quien --por su propia naturaleza-- goza de relativa autonomía dentro de la FIFA, bien pudiendo hacer suya la crisis ética del fútbol peruano dentro de su ámbito de competencia. Cuestión de ponerse los pantalones largos y aplicar dosis de hormonas.

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